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¿Cómo evaluar al gerente general?

Una función básica de la junta directiva es la selección del gerente general, presidente o cabeza ejecutiva de la organización que orienta. Su tarea involucra además hacer una evaluación periódica de su desempeño, y son múltiples los aspectos que la misma debe incluir.

En el ámbito empresarial, es común la inercia a considerar que el principal aspecto para evaluar a un gerente es el resultado económico del negocio. La rentabilidad como métrica, sin embargo, es insuficiente para calibrar el desempeño y la situación financiera de una empresa, y privilegiarla como único indicador puede incluso generar incentivos indeseables para la gerencia. La Junta necesita balancear la inclinación común de los gerentes a privilegiar el corto plazo, y es por ello que en su evaluación debe considerar como buena administración aquella que cuida también otros criterios claves, a saber: el retorno sobre el capital, la gestión de los activos, el cuidado de la caja, la gestión del riesgo, el endeudamiento y las tasas de interés, y en general aquellos que apuntan a la construcción de una salud financiera estructural.

Hay otros aspectos de fondo al evaluar a un gerente general, tan sustanciales como el financiero, en tanto es fundamental el resultado en dichos ámbitos para la sostenibilidad de una organización. El primer ejecutivo de la empresa debe gestionar, con la Junta y con su equipo, la construcción de una plena claridad estratégica que le permita ser proactivo y coherente en la toma de decisiones. De ella surgen los objetivos para el desarrollo del negocio.

Así mismo, este líder debe promover la evolución de una cultura organizacional apropiada para la estrategia, sustentada en los valores de la entidad, y alineada con las políticas y parámetros acordados con la Junta. Sumado a ello, un gerente general debe darle la más alta importancia a su propio desarrollo, cerrando brechas de conocimiento y competencia, y a la gestión del talento humano, conformando un excelente equipo de trabajo, garantizando planes de sucesión en cargos claves incluso el suyo, promoviendo el fortalecimiento de competencias estratégicas en las personas, y monitoreando el clima laboral, entre otros aspectos.

La relación con la Junta es otra faceta a considerar, en especial la actitud de la gerencia frente al control y al consejo, pilares del papel de ese órgano de gobierno. La claridad y fluidez en la comunicación, la oportunidad y calidad de la información compartida, el acatamiento a la orientación que recibe, y la respuesta a las indicaciones de las áreas de control interno y externo, son criterios relevantes. Finalmente, el impecable cuidado a la reputación de la empresa y propia debe ser evaluado. Un gerente general es un ícono tanto en términos del ejemplo que da al interior como de lo que la empresa quiere representar para sus partes interesadas hacia el exterior.

La evaluación del gerente general gravita alrededor de un abanico de funciones que le competen. No sorprende que el líder de una empresa con positivo desempeño financiero sea relevado de su cargo tras la falta de resultados o fallas en otros frentes que comprometen gravemente la sostenibilidad de la organización. Al evaluar el más alto nivel del liderazgo las empresas deben privilegiar los resultados integrales, y cuidarse de no caer en el error, por ejemplo, de poner a competir lo ético y reputacional con lo financiero.