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Lecciones de Nafta

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En días pasados se dieron a conocer los principales aspectos de la renegociación del tratado de libre comercio entre los Estados Unidos y México y lo primero que cabe resaltar es precisamente que se trata de un tratado bilateral y no de un acuerdo regional como era NAFTA.

Efectivamente, este hecho es un cambio significativo en política comercial de los Estados Unidos y probablemente tenga incidencia en la política comercial de muchos países. Lo que estaba en boga eran los tratados regionales y se pasa a privilegiar lo bilateral por encima de lo regional extendiendo también ese privilegio respecto a lo multilateral con el anuncio de un posible retiro de los EE.UU. de la OMC. Primera lección que resulta en un interrogante:

¿Primarán en el futuro los acuerdos bilaterales?

Luego viene el contenido de los acordado y cabe resaltar tres temas: (i) la cláusula de terminación temprana, (ii) la renegociación de las normas de origen y (iii) los aspectos laborales.

Un tema que ocupó buena parte de la discusión fue la cláusula de terminación temprana (sunset clause) según el cual el tratado tendría fecha de vencimiento (como la leche). Una provisión de esta naturaleza sería la base de la inseguridad jurídica pues difícilmente existirán grandes inversiones si el horizonte jurídico vence a los 5 o 6 años.

México logró extender este plazo a 16 años con derecho a revisión en el año sexto sin que ello pueda conducir a ponerle fin al acuerdo antes del período fijado. Si bien es un triunfo haber extendido el período, no deja de ser preocupante ya que el mensaje sigue siendo que los tratados pueden tener carácter provisional.

La modificación en el tema de normas de origen tendrá un impacto enorme en la forma en que se organiza hoy por hoy la producción mundial y es un posible golpe para países como Colombia que aspiran a un desarrollo industrial basado en cadenas de suministro.

Estas normas establecen el contenido local para que un bien se considere como originario de ese país. El tema se centró en automóviles y se determinó una norma del 75% para acreditar origen. Es decir, que para cualquier vehículo que salga de México a los EE.UU. al menos el 75% de sus componentes deben ser bien americanos o mexicanos.

Este es un giro enorme pues hoy por hoy los vehículos se ensamblan con partes de diferentes países y por ello las normas de origen actuales están más en el rango de 30% a 40%. Esta es una alerta para las cadenas de producción global que han sido el motor de la eficiencia en la producción mundial y un viso diferente del proteccionismo a la industria norteamericana. Podemos encadenarnos siempre y cuando usted use mis insumos, ¡¡así estos sean más caros!!.

Finalmente, quiero destacar el aspecto laboral. Nuevamente y como único antecedente el TLC con Colombia, EE.UU. introduce lo laboral en temas de comercio, algo que se ha rechazado de plano en la OMC.

Para contrarrestar la ventaja comparativa de salarios más bajos en México se incluyó una provisión que obliga a que el 40% de los insumos automotrices fabricados en este país no podrán pagar menos de US$16 la hora a sus trabajadores. No siendo igual el poder adquisitivo del dólar en ambos países, esta provisión es otra medida proteccionista que busca limitar la competitividad de México.

La gran pregunta que debemos formularnos es si esta tendencia será la dominante en los nuevos tratados y aun en los ya existentes cuando nos llegue el turno de renegociación. De ser así, habrá una redefinición en la forma como opera el comercio mundial.

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