La incertidumbre es una de las principales causas del estancamiento económico. El futuro es difícil de predecir y existen factores como el covid que alteran el curso normal de los acontecimientos económicos, pero aun en circunstancia incierta tener cierto derrotero ayuda de manera importante a sobrellevar las más adversas condiciones. Son muchos los factores que brindan cierto nivel de tranquilidad a inversionistas y empresarios y que los llevan a a activar su dinámica, pero la gran mayoría de estos dependen de la política pública.

En el conocimiento de las reglas de juego, así estas sean adversas, está la esencia de las decisiones económicas privadas. En este escenario es que cobran importancia elementos como los tratados bilaterales de inversión que fija unas reglas de juego para los capitales internacionales, las estabilidad tributaria que permite planear una operación conociendo de antemano las cargas impositivas, la vigilancia que haga el estado de la competencia desleal, la eficiencia de la justicia a la hora de conflictos derivados de la actividad privada entre muchos otros factores.

Un elemento común que todos estos factores tienen que tener para evitar la incertidumbre es el largo plazo. La planeación de un negocio y su ejecución hasta obtener el éxito es un trayecto largo que puede llevar años de esfuerzo. Si bien hay la sensación con noticias de “start ups” que se vuelven mega empresas en períodos cortos, su consolidación requiere tiempo y esfuerzos. Todos esos factores esenciales que he mencionado deben proyectarse a largo plazo de manera que coincidan con el plazo de la gestión empresarial y en eso que fallan nuestras economías. Se cambian las reglas de juego de manera permanente mediante iniciativas gubernamentales cuya visión es por el contrario de corto plazo.

¿Cómo tapamos el hueco fiscal de año entrante? ¿cómo manejamos esta coyuntura de descontento social? ¿cómo le damos gusto a quienes financiaron las campañas y así sucesivamente se van fijando nuevas reglas de juego de manera recurrente generando situaciones adversas a la actividad económica? La proliferación de leyes, decretos y resoluciones obligan a las empresas a sostener un ejército de abogados y otros profesionales encargados, de adecuar el ejercicio a la cambiante realidad normativa.

Esa falta de visión de largo plazo la estamos viviendo en esta, que siendo la más difícil coyuntura que ha vivido el país en su historia económica, debería obligar al Gobierno a pensar en el mediano y largo plazo sin abandonar la necesaria gestión diaria. Las decisiones sobre la duración de las cuarentenas son apenas una muestra de la improvisación que genera esa incertidumbre. Se extiende la cuarentena unos días antes que esta venza y así sucesivamente se van tomando medidas sobre la marcha mientras el desempleo llega a 25%. Poco sabemos sobre cómo está el equipo de Gobierno pensando que será el manejo a lo largo de la pandemia, y no digo después porque a todas luces es claro que no habrá un después sino un prolongado proceso.

Después de una de las más prolongadas cuarentenas que haya tenido país alguno los resultados de la amortiguación de la pandemia y de la preparación de la infraestructura hospitalaria, dejan mucho que desear. Por pensar que en lo que va a pasar la semana entrante el Gobierno ha olvidado qué va a pasar el mes entrante o el año entrante sumando a la incertidumbre de la epidemia aquella de la improvisación.