Analistas 15/12/2020

¿Fin de la globalización?

Dani Rodrik en su libro “La paradoja de la globalización; democracia y el futuro de la economía mundial” plantea la incompatibilidad entre la coexistencia de la globalización y las democracias.

A medida que el mundo se globaliza los diferentes países organizan sus instituciones de acuerdo a su visión y a las necesidades de sus sociedades y ello puede implicar diferentes grados de intervención que no siempre son compatibles con el concepto occidental de democracia.

De otra parte la sola noción de globalización tiene implícito el concepto de supranacionalidad y por tanto se constituye en una amenaza al concepto de Estado-Nación y eso genera conflictos que llevan a los países a priorizar lo nacional sobre lo global.

La globalización política está representada en instituciones de carácter supranacional que empezaron a surgir en la postguerra como Naciones Unidas o el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional y otras que se moldearon en curso del siglo XX como la Organización Mundial del Comercio o los acuerdos e instituciones supranacionales que regulan temas de medio ambiente o propiedad intelectual o la de más reciente controversia, la OMS, protagonista de primera línea en esta pandemia.

Todas estas organizaciones y marcos supranacionales permitieron un entendimiento entre los gobiernos del mundo que buscaba priorizar el bien mundial, muchas veces por encima del interés nacional.

Por otra parte, la globalización económica de la empresa privada que creció con el offshoring, permitió nuevas formas de organización económica alrededor de cadenas de valor global o cadenas de suministro transnacional que generaron niveles de eficiencia económica hasta estos tiempos desconocidos.

Estas nuevas “Ventajas comparativas” lograron que cada eslabón de esas cadenas se produjera donde era más eficiente y/o económico producirlo, a la vez que la caída en los precios del transporte y de las comunicaciones hizo posible que esos procesos se desarrollaran en los más remotos rincones del mundo, indiferentemente del mercado o proceso de ensamble final.

Se hacen evidentes las incompatibilidades entre democracia, globalización y nacionalismo que están claras en la obra de Rodrik. Por un lado, en ámbito de las instituciones gubernamentales cada vez se hizo más evidente el conflicto entre ciertas tendencias globales y ciertas necesidades nacionales. Ejemplo claro de ello es el Acuerdo de París en el tema del medio ambiente que busca un equilibrio global pero que requiere esfuerzos diferentes de diferentes países.

A nivel regional esto se puso de manifiesto con la separación de Reino Unido de la Comunidad Europea sobre la base que esa instancia supranacional tenía mas costos que ventajas. En las cadenas de producción las amenazas a la globalización ponían en riesgo las cadenas de suministro a la vez que los países empezaron a considerar que áreas estratégicas de sus economías no podían depender de otras economía y como consecuencia hicieron camino los procesos de ReShoring y Nearshoring que están empezando dibujar un nuevo escenario productivo.

Consecuencia de todo ello son los nacionalismos políticos que están haciendo carrera en muchos países y las crisis de las instituciones supranacionales y la gran pregunta que se formula la sociedad y si estas tendencias significan el fin de una globalización o pequeñas amenazas que tan solo resultan un obstáculo a una nueva realidad mundial.