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Se empezaron a conocer los visos de lo que será el Plan Nacional de Desarrollo de la nueva administración, que girará en torno a siete ejes temáticos, a saber: las obras de infraestructura, que incluyen la reconstrucción de viviendas afectadas por el terremoto; la seguridad; un aspecto social, que pretende sacar de la pobreza a una porción importante de la población y en el que se encuentra la salud; grandes inversiones en sectores claves como la agroindustria, el minero-energético, el turismo, la ciencia y tecnología y el fortalecimiento de las Pymes; la transformación de las regiones; la agilidad del Estado, y la educación técnica y superior.
Esta agenda, liderada por el vicepresidente, incluye dos factores esenciales para el desarrollo: la educación técnica y superior y, sobre todo, la ciencia y tecnología. Los países que han logrado una alta tasa de crecimiento sostenible han dedicado cuantiosos recursos públicos a estos dos renglones, pero la intención que se plantea hasta ahora no va acompañada de presupuesto.
Según el presupuesto aprobado, la inversión en ciencia y tecnología para 2027 es de 0,054% del total y, como porcentaje del PIB, si acaso llegará a 0,2%. En contraste, en Corea del Sur esa partida fue en 2026 de 4,81% del presupuesto y de 5,4% del PIB. El papel aguanta todo, pero mientras el país no dedique fondos importantes al renglón de C&T, no es posible que pasemos a una economía avanzada. En materia de educación superior, no se incorporó en el presupuesto una partida de $700.000 millones que se necesitaba para cubrir el déficit de las universidades públicas.
Si bien se plantea un eje social y en otro se habla de apoyo a las Pymes, la verdad es que más de la mitad del país vive en la informalidad y, mientras no haya un programa específico para incorporar esta población a la economía formal, va a ser difícil que podamos tener un crecimiento sostenible. Se trata de una población que en su gran mayoría no aporta a la seguridad social, accede a la salud mediante subsidios (Sisbén) y no tiene posibilidad alguna de pensión, lo cual hace muy difícil sacarla de la pobreza.
Estamos ante una realidad poblacional muy complicada. La tasa de natalidad ha disminuido y llegó al punto en el que la población se reduce y envejece. A esto se le suma una diáspora de colombianos, jóvenes en su mayoría, con algún nivel educativo, que han buscado refugio económico en otros países. Por tanto, lo que va quedando es una población de mediana edad en la informalidad, que impide la conformación de una sociedad justa y en crecimiento. Se trata de un sector informal que jalona hacia abajo la productividad del país, como lo muestran las cifras que publica el Dane: esta se incrementó tan solo 0,76% en 2025. Con ese resultado, es imposible alcanzar la meta del gobierno de un crecimiento de 6% para 2030.
Es en este punto de productividad donde se encuentran los dos aspectos tratados. Sin ciencia y tecnología no será posible incrementar la productividad del sector formal de la economía, mientras que la del sector informal sigue siendo baja. Este indicador mantiene bajas las remuneraciones del sector formal, ya que se busca que el aumento del salario mínimo sea la inflación más productividad.
Son dos temas claves para tener en cuenta: uno, incluido en el PND pero sin recursos asignados, es C&T; el otro, que se pasa por alto, es la necesidad que tiene el país de formalizar 50% de la economía.
El panorama es inquietante. Nicaragua y Venezuela concentran la mayor cantidad de periodistas registrados, mientras El Salvador aparece como un foco creciente de preocupación