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Mercadeo y burocracia

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Carlos Fernando Villa Gómez

Uno de los libros más polémicos de Jack Trout tanto en el mundo del marketing como de la administración, pero considerado como uno de los mejores, es ‘El Poder de lo Simple’; no han sido pocos los que han opinado que es uno de los textos que más verdades dice sobre lo que sucede en las organizaciones actuales, a pesar de haber sido escrito a finales del siglo pasado. De los más vendidos y leídos, pero desafortunadamente menos seguidos, aunque dicen que todo lo dicho es necesario de ser considerado.

John Mariotti, reconocido consultor y analista de mercadeo, escribió hace poco más de 10 años ‘The Complexity Crisis’, llamando la atención sobre lo que se está viviendo, como consecuencia de la complejidad con la cual se han venido orientando las cosas en los mercados, como otra voz de alarma para muchos directivos y empresarios que continúan pensando que lo complicado es mejor y más efectivo.

Ambos afirman que el mundo se vuelve más complejo, y complicado, por la cantidad de trámites, trabas y puestos, dizque para controlar mejor el día a día, pero, la realidad muestra algo diferente. Dice Mariotti, que “la complejidad debilita, desmoraliza y desanima que es lo que menos se requiere en el difícil mundo moderno; lo que se necesita verdaderamente es esperanza, optimismo, ideas, soluciones y, sobre todo, actitud positiva para la búsqueda, el logro y el desarrollo de las mejores soluciones”, para lo cual, comenta, se requiere la participación de todos, en la medida de las capacidades de cada quien, siendo siempre conscientes de que la actitud es la base.

Tratar de estar siempre motivado, de buen ánimo, destacando y mencionando siempre lo bueno de lo que sucede, aprendiendo de lo malo, sin tratar de ser víctima, tratando siempre aprender de las experiencias negativas porque “perder es ganar un poco”, recomiendan los autores, sin decirlo así exactamente. La vida diaria se desarrolla tomando decisiones, y de ello depende la manera como se llevan a cabo las actividades de cada uno.

El principio de la reciprocidad es un compromiso de los mercadólogos: “tráteme bien, facilíteme las cosas, y le devolveré el favor”. Pero, creer en los demás ya no parece existir, como consecuencia de las circunstancias vividas desde hace más de medio siglo, y de un sistema educativo que se fundamenta más en derechos que en deberes por lo que vivimos en medio de la desconfianza, la negatividad, la mediocridad y el conformismo. “Las organizaciones suelen llegar a ser tan complicadas, que una parte deshace lo que hace la otra”, afirma Trout, y las prevenciones que se tienen han generado un exceso de trámites que complican tanto las cosas, que son desesperantes las acciones que hay que desarrollar, creando un exceso de burocracia que ha hecho que los organigramas se parezcan a una telaraña más que a otra cosa, y que ha desconocido el humanismo necesario para que todo sea mejor cada día, ante la imposibilidad de alcanzar la perfección, ideando trámites innecesarios, molestos y ridículos que no solamente son odiosos, sino que alejan a los clientes y prospectos, quienes por ser personas buscan lo más simple, sencillo y obvio, que es lo que ha demostrado mayor efectividad. Burocracia mercadológica la constituyen los puestos y trámites que no sirven y estorban, haciendo que se aprecie más antimercadeo que verdadero mercadeo, el cual debe pretender siempre mejorar el nivel de vida de todos, sin excepción.

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