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Colombia es un país conformado por una sociedad llena de paradojas, odios y violencia, en donde increíblemente una buena parte, apoya el caos y la inestabilidad, como si la frase “maluco también es bueno” fuera el abono para que muchas personas piensen que debería reinar un futuro incierto.
Un sinnúmero de delicados problemas van el alza cada día que pasa: la salud, la seguridad, la corrupción, la educación, la extorsión, el desplazamiento forzado, los secuestros, y muchos asuntos más. Vivimos un proceso de paz en el que mientras se habla de reconciliación -al mismo tiempo se continúa con las masacres-, por medio del cual se les brinda mayor protección a los victimarios que a las víctimas.
Pero lo más preocupante para nuestro país es la falta de conciencia para entender que hay que parar lo malo antes que seguir apoyándolo y, peor que esto, es que los que quieren que reine el caos están unidos. Si el poder es para usarlo en el peor de los sentidos, lo están haciendo para mantener la división y el odio entre la población. Divide y reinarás, frase que se le atribuye a Julio César o Filipo de Macedonia, según Billiken, es la mejor manera de describir el presente, para hacerle frente a un grupo importante en números, pero que llegó allá gracias a la falta de unión y el egoísmo burocrático.
Todo indica, que a muchos lo que les interesa es que continúen los actos ilícitos, que bajo el pretexto de los procesos de paz se cobije la delincuencia, que la fuerza pública esté debilitada, que las bombas vuelvan a ser normales como si se estuviera en un cumpleaños y que los campesinos queden inermes en medio de los atentados. Sin tener presente que el objetivo o trasfondo de todo este estado de cosas, es volver a caer en la peligrosa trampa del miedo, porque esta es la mejor herramienta para doblegar a la democracia.
De forma inexplicable, en el gobierno anterior, las protestas se hacían de manera violenta por el incremento en el precio de la gasolina y ahora esta subió miles de pesos y nadie dice nada. ¿Será que somos una sociedad dormida o anestesiada que se deja manejar por el caos?
Somos una comunidad paralizada que está perdiendo el equilibrio y a punto de caer, como si no quisiera avanzar, mientras otros nos llevan hacia el abismo ante nuestra total indiferencia. Debemos ponernos de pie de nuevo, buscar la estabilidad a como dé lugar, así el suelo del país tiemble por las acciones y decisiones de los violentos.
Miles de personas han salido de Colombia a buscar un nuevo rumbo, la pobreza no ha desaparecido, se extiende por el contrario; estudiar se hace cada vez más costoso, los abuelos no reciben los auxilios prometidos, la salud es un caos, la justicia cojea más que nunca y pareciera que estas tendencias seguirán, por lo que corremos el grave peligro de parecernos cada vez más a la aporreada Venezuela.
Esta, la nuestra, continúa siendo una nación de extremos, en donde se mata y se odia por un color, por clasismo, por una camiseta, por una ideología política o por el poder a través de las armas.
Buena parte de la extrema izquierda, que critica y fustiga, y que supuestamente trabaja por la igualdad, paradójicamente vive inmersa en el capitalismo, entre lujos, propiedades suntuosas y el derroche, buscando imitar el estilo de vida el cual proclaman odiar, con un discurso amparado por la lucha de clases.
Pero peor aún es que los llamados demócratas, bien sean de centro o de derecha, se les haya olvidado realizar la operación aritmética más importante y sencilla que es la de sumar y en cambio están concentrados en dividir y restar. Qué extraño es ver que las diversas tendencias no se unan todas y, que por el contrario, los más opcionados sigan de manera egoísta su camino.
Si es este el amor que le tienen a Colombia, está siendo superado, con todo respeto, por la ambición del poder. Estamos asistiendo a una agria “fiesta” de la democracia que terminará en años de jaquecas si continúa imperando la embriaguez de la ambición.
Es el futuro de nuestras familias el que está en juego; es la paz la que está herida; es la prosperidad la que va hacia el abismo; es la impunidad la que reina y es la cárcel la que está más cercana para los decentes que para los perversos. ¡La invitación es a realizar una profunda reflexión que vaya acompañada de acción!
Si este es el país que quiere una gran parte de la sociedad, estamos jodidos, en la olla. Muchos están pecando a conciencia por lo que están haciendo y muchos estamos pecando por lo que dejamos hacer.
Es tiempo del respeto, de no de mirar para otro lado, de no hacernos los desentendidos o “que esto no es conmigo”; se llegó la hora de unirnos todos los colombianos antes de que sea muy tarde ó en caso de hacernos los pendejos, entonces apague y vámonos!
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