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Hay una pregunta que pocos directivos colombianos se están haciendo con honestidad: ¿nuestra apuesta por la inteligencia artificial nos está creando una ventaja real o simplemente estamos actualizando el inventario tecnológico por las tendencias?
Es una distinción que, en el día a día de la operación, puede parecer semántica. Pero en los resultados de largo plazo es la diferencia entre liderar un mercado o quedarse mirando cómo otros lo hacen. Y en un entorno tan competitivo como el actual, esa diferencia se siente rápido.
Y esto importa más de lo que parece. Los números lo confirman. Según nuestro estudio “The AI transformation manifesto”, en el que analizamos a 20 compañías líderes en IA a nivel global, 70% de los intentos de adopción fracasan. No por falta de tecnología. Fracasan porque los procesos adyacentes nunca cambian. Una solución de IA puede anticipar con muchos días de antelación cuándo fallará un sistema, pero si las decisiones operativas siguen el mismo calendario de siempre, la predicción no servirá de nada. El problema no es el algoritmo. Es la organización. Y cambiar la organización es, justamente, lo más difícil.
Ese es precisamente el error en el que caen muchas empresas: invierten en la herramienta y asumen que la transformación viene incluida en el paquete. Y no es así.
La ventaja competitiva con IA no viene de la tecnología. Las herramientas están disponibles para todos -el mismo modelo de lenguaje que usa una multinacional puede usarlo una empresa mediana en Bogotá-. La ventaja viene de qué tan rápido y qué tan bien una organización aplica esa tecnología a sus problemas reales de negocio. Esa capacidad no se compra, se construye.
Las empresas que lo están logrando comparten un patrón claro. Las mismas 20 compañías analizadas, en minería, automotriz, retail y servicios financieros, lograron en promedio un incremento de 20% en Ebitda, recuperaron su inversión en uno a dos años y obtuvieron tres dólares de retorno por cada dólar invertido.
No son casos aislados ni startups de Silicon Valley. Son empresas que tomaron decisiones muy deliberadas en tres frentes: concentraron más de 70% de su talento tecnológico en equipos internos, en lugar de depender de proveedores externos; enfocaron sus esfuerzos de IA en dos o tres puntos donde su modelo de negocio genera o destruye más valor; y la transformación está siendo liderada por sus ejecutivos de negocio, no por sus equipos de It. En nuestra investigación encontramos que en ninguno de los casos de éxito documentados el liderazgo de la transformación recayó en el equipo de It.
Lo que vemos en Colombia es exactamente el patrón contrario: inversión en herramientas, escasez de capacidades. Las organizaciones están comprando IA, pero pocas están construyendo las bases internas para sacarle provecho real. Y eso no aparece solo con el tiempo: hay que decidir construirlo.
A medida que la IA avanza, esa brecha no solo no se cierra: se vuelve más profunda y más cara de revertir. Las empresas que hoy postergan esa decisión no están ganando tiempo: lo están perdiendo. La pregunta no es si su empresa tiene IA. Es si su empresa sabe qué hacer con ella y si tiene las capacidades para hacerlo.
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