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En 2014: uribismo vs. antiuribismo. En 2018: izquierda vs. derecha

En 2014 la puja por la Presidencia se centraba en uribismo vs. antiuribismo. Cuando llegaron a la campaña de reelección, Clara y Claudia López, los delegados de Gustavo Petro y los demás que defendían las negociaciones de paz, el Presidente Santos encarnaba (además de los posibles acuerdos con las Farc) la opción de derrotar a Álvaro Uribe, una meta que los unía a todos.

Como la gran mayoría de las elecciones uninominales, las de 2014 en Colombia pasaron por la polarización. En este tipo de escogencia donde priman las personas sobre los partidos, se hacen evidentes las campañas en blanco o negro, es más fácil polarizar alrededor de una persona que de una institución. Los matices, que en política son asimilados como tercerías, son escasos porque necesariamente tienen que mediar otras variables (todas juntas): cansancio con el establecimiento, desencanto de las opciones existentes y candidato carismático que sea buen comunicador.

Hacia 2018, las elecciones inevitablemente también tienden a estar en blanco y negro y así como en las pasadas, Santos como dirigente político, no será determinante para poner. Lo que sin duda entra al juego es una dicotomía representada en lo que algunos han dicho que pertenece a los años de la guerra fría: la izquierda y la derecha.

Aceptando esa crítica de lo extemporáneo que pueden sonar los términos, se abre la puerta para ponerles los nombres que se guste, pero al final, la segunda vuelta tendrá dos alianzas muy diferentes: una encabezada por la llamada Coalición Colombia, que nace por iniciativa de Jorge Robledo, Claudia López, Antonio Navarro y Sergio Fajardo, a la que han pretendido llegar Gustavo Petro y Hollman Morris, entre otros.

En el otro lado hay dos dirigentes que han tenido altos y bajos en su trabajo político conjunto, pero que sin duda tienen más afinidades que desacuerdos. Álvaro Uribe y Germán Vargas están hoy más cerca que nunca, no necesariamente porque lo hayan planeado así, sino porque las circunstancias del momento actual del país (inseguridad ciudadana en crecimiento y dificultades de implementación de los acuerdos de paz) y la apresurada sociedad de sus rivales ideológicos, los empuja al mismo lado.

Y al parecer -aún cuando se ha visto como los de la primera coalición pretenden desmarcarse de la sombrilla que los arropa, tal vez por el estigma que ha tenido en Colombia la izquierda asociada a las guerrillas- ganará quien logre encasillar al otro en los aspectos negativos que representa cada extremo del espectro político. Puede interpretarse, en este sentido, que previendo ese desgaste de la asociación negativa de la izquierda, la candidatura de Timochenko llegue para absorber el estigma.

Como sí pasó en 2014, en 2018 uribismo y antiuribismo no marcarán la jornada: Fajardo, que estaría en el lado opuesto, ha dicho que no es uribista pero tampoco antiuribista; y Vargas Lleras que podría aliarse con el expresidente, no ha sido su aliado en los últimos años.

El gran interrogante a esta altura de la campaña, en la que por primera vez las fuerzas de izquierda se han agrupado o han mostrado intenciones de hacerlo, es ¿cuándo la derecha actuará en consecuencia? Si llegan desunidos a primera vuelta, cada uno podrá mostrar las fuerzas de sus dientes para negociar después, sin embargo las fórmulas estarían inscritas y en un período de tiempo tan corto, será más difícil mostrar unidad hacia la elección definitiva en junio.