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Analistas 17/06/2026

Por la razón o la fuerza

Camilo Guzmán
Director ejecutivo de Libertank
Camilo Guzman

En 1812, José Miguel Carrera acuñó para el primer escudo republicano de Chile una frase que desvela la naturaleza última del orden social: «Aut consilio aut ense». Traducida décadas después como “Por la razón o la fuerza”. Esta frase, que Abelardo de la Espriella ha repetido en su campaña, ha sido malinterpretada por la miopía de la izquierda doctrinaria y la pusilanimidad de los sectores biempensantes.

Comprender esta máxima exige rigurosidad conceptual. La razón representa la prioridad absoluta: el diálogo, la ley, la Constitución, el debate abierto y el plebiscito de las urnas. Es la primera línea de defensa de una sociedad libre. Pero la fuerza no es la violencia arbitraria; es el monopolio legítimo de la coacción estatal. La fuerza es la herramienta constitucional diseñada para someter a los criminales y a quienes pretenden destruir el pacto republicano. Sin la primera, no hay democracia; sin la segunda, no hay Estado. La fuerza es el escudo de la razón cuando los bárbaros deciden ignorar la palabra.

Quienes hoy se escandalizan porque se habla de aplicar la fuerza legítima para defender la Constitución guardaron un silencio sepulcral durante cuatro años, mientras el gobierno actual desmantelaba el sistema de salud, asfixiaba a los empresarios con impuestos confiscatorios y entregaba el control territorial a estructuras criminales.

Este domingo, los colombianos asistiremos a las urnas con una certeza: el estatismo fracasó. La supuesta “justicia social” resultó ser una estafa monumental que solo sirvió para engordar las arcas de una casta política insaciable, mientras sumía al país en un déficit fiscal histórico y endeudaba a cada colombiano. El pueblo colombiano ha despertado del letargo. Entendió que la riqueza no se redistribuye por decreto, sino que se crea con inversión, propiedad privada, libre mercado y empresas fuertes.

El voto del domingo será el acto definitivo de la razón. Acudiremos en masa, de forma pacífica, legal y democrática, a propinarle una derrota categórica e inapelable al petrismo en las urnas. Usaremos las herramientas de la civilización para enterrar un modelo empobrecedor que deforma el esfuerzo privado y pretende convertirnos en súbditos dependientes de las migajas del asistencialismo.

Sin embargo, nos enfrentamos a un escenario de máxima alerta. Petro ha comenzado a sembrar mantos de duda sobre la transparencia del proceso electoral. La narrativa de ellos es clara: si ganan ellos, será democracia; si gana Abelardo, será fraude. Si el presidente decide desconocer la voluntad popular, incitar a la violencia en las calles y romper el pacto constitucional, la razón se habrá agotado. En ese segundo exacto, el uso de la fuerza legítima del Estado es una obligación para garantizar la supervivencia republicana. Las diferentes instituciones están obligadas a restablecer el orden, hacer respetar el voto de los ciudadanos y obligar a una transición legal y pacífica. Quien intente desconocer los resultados del domingo estará cometiendo un golpe de Estado y la República tiene el derecho inalienable a defenderse.

El domingo no vamos a negociar un milímetro de nuestra libertad, porque la libertad no se transa ni se pacta con sus verdugos. Este domingo nos jugamos el alma. El camino de la prosperidad y el libre mercado volverá a abrirse para nuestros hijos. Colombia va a rescatar su libertad este domingo.

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