MI SELECCIÓN DE NOTICIAS
Noticias personalizadas, de acuerdo a sus temas de interés
Síganos y léanos en Google Discover
La mayoría de las empresas en Colombia no son rentables: según medimos en Libertank con datos de Supersociedades sobre más de 25.000 compañías, un poco más de 70% no logra siquiera cubrir su costo de capital. Hay muchas causas y cada sector tiene sus retos, pero hay una que casi todos ignoran, que va destruyendo la empresa poco a poco sin que nadie la vea, y que en algunas compañías es casi un tabú. Tienen al enemigo adentro y no se han dado cuenta. No es un competidor, ni una regulación, ni un mal empleado: son las ideas que predominan en su cultura, lo que cree la mayoría de sus trabajadores. Y esas ideas no las creó la empresa. Vienen de afuera: son la programación con que crecemos los colombianos, lo que se aprende en la familia, lo que refuerza el colegio y lo que afila la universidad.
La primera de esas ideas es que la riqueza es un juego de suma cero: que el dueño, los directivos y cualquiera con más ingresos los tiene porque se los quitó a los demás, que el empresario se enriquece empobreciendo al trabajador. Es la tesis central del marxismo, y domina la educación colombiana. Quien tiene esta idea incrustada no puede remar con ganas para una empresa que cree que lo roba: rema despacio, o rema en contra.
La segunda es no entender qué es una empresa. Para la mayoría es un lugar donde el accionista hace plata. Pero una empresa es una especialista en necesidades ajenas: convierte lo escaso en abundante y barato, y las que más riqueza generan son las que mejor sirven a los demás.
La tercera es que en esa mentalidad escasea la admiración y sobra el resentimiento: cuando ascienden a un compañero, o le pagan alguna bonificación, la primera reacción no es felicitarlo ni emularlo, sino sospechar qué habrá hecho con el jefe. El éxito ajeno se lee como trampa, nunca como prueba de que se puede.
Esas ideas se oyen en frases que todos los días se escuchan en casi todas las empresas, seguramente usted las escuchó esta semana. “Eso no me toca a mí”: lo que se sale del cargo se queda sin hacer, y nadie se adelanta a un problema si nadie se lo ordena. “Yo cumplo con lo mío”: el trabajo como un favor a cambio de la nómina, no como cooperación. Y la más costosa: vemos al cliente como una carga, atender como un peso y no como la razón de ser del negocio.
Esta factura, producida por estas malas ideas, las empresas la pagan a diario y no se dan cuenta, la pagan con rotación alta, poca capacidad de innovar, mal servicio, descoordinación, reprocesos y crecimiento mediocre. Es el dolor silencioso más grande de una organización, y casi nadie lo trata: atacan todos los días los síntomas con software, consultores y aumentos, que muchas veces no sirven para nada, porque la enfermedad, la causa, son las ideas.
Aquí está la buena noticia: si el enemigo son ideas, se combate con ideas. Las empresas invierten millones en capacitar habilidades y casi nada en revisar las creencias sobre las que operan. Formar a la gente en cómo se crea la riqueza, en qué es una empresa, en por qué el éxito del otro es evidencia y no amenaza, es la inversión de mayor retorno que existe. En Libertank llevamos años transformando ideas en empresas, y la lección es que no hay estrategia que sobreviva a una cultura que rema en contra. Ese 70% no tiene solo un problema de costos, de mercado o de estrategia. Tiene un problema de ideas. Y esas sí se pueden cambiar.
La historia no termina en los grandes cheques. Quizás lo más poderoso está en entender la dimensión de una solidaridad que se expresa de mil maneras
En el 2022 argumenté que Gustavo Petro iba a resultar lo PEOR que había visto Colombia en su historia. No me equivoqué
No se trata de un cargo burocrático internacional. El GEF es el mayor financiador público del mundo dedicado exclusivamente al medio ambiente. Desde su creación, ha aportado más de US$27.000 millones y movilizado otros US$155.000 millones para proyectos ambientales en países en desarrollo