Analistas

Glocalidad

Hace algunos años se acuñó el término “desarrollo glocal” para referirse al “pensar globalmente, actuar localmente”, con la perspectiva de que la sostenibilidad se construye en la práctica cotidiana de las intervenciones sociales en el territorio, pero con un contexto orientador proveniente de escalas de integración superiores. El problema que se ha evidenciado es de correa de transmisión: no son claros los mecanismos mediante los cuales fluye de manera sistémica, no jerárquica, la información derivada de la interacción. 

El mapa de conflictos ambientales del mundo demuestra que las fuerzas de la globalización promueven transformaciones locales bajo estándares simplistas y privilegiando racionalidades de costo/beneficio privado (ni siquiera costo/efectividad) que acaban chocando con la diversidad de condiciones de los procesos locales, resistentes a la homogeneización. El resultado de este choque es el ascenso de visiones autoritarias, que promueven más o menos violentamente la adopción de las agendas nacionales o supranacionales. Líderes de muchos países arrasan la democracia con argumentos fiscales, de seguridad o de moral, pues las condiciones de diferencia de sus constituyentes representan escollos en sus agendas. Esta condición claramente indica la falta de sensibilidad a los procesos locales y la impaciencia que modelos “iluminados” de desarrollo imponen a la historia. La sostenibilidad, para ellos, es demasiado lenta.

Lo que está en juego en la construcción de una globalidad sostenible es por tanto una humanidad digna, donde la evolución de las civilizaciones dominantes y de todas las minorías utilice y garantice la persistencia de la diversidad como fundamento de futuro: toda fuerza que base su política en ignorarlo rema en contravía. Veremos así en las próximas décadas cómo el pulso entre proyectos centralizadores y policéntricos se resuelve, especialmente en la construcción de estrategias adaptativas a cambio climático.

¿Dónde radica la resolución de estas tensiones? En inversiones de fortalecimiento institucional y generación de capacidades, en comunicación para la conectividad entre escalas, en protocolos de sistematización y síntesis de productos de conocimiento. Así como los educadores privilegian las pedagogías abiertas y la formación analítica de los estudiantes, más que la absorción de conocimientos (que están en nuestros sistemas de información), los Estados tienen el reto de construir inteligencia colectiva, no mediocridad generalizada. La forma de esta inteligencia son las redes institucionales, la multiplicidad de acuerdos entre actores incluso con amplias redundancias, la sistematización y garantías de acceso a la memoria y la inversión en innovación. En estas primeras semanas de posconflicto hemos visto un semillero de iniciativas por el desarrollo alternativo que provienen de la noción histórica misma de la insurgencia, pero no son las únicas: los empresarios responsables también resienten la falta de dinámica de los gobiernos, el anquilosamiento de las reglas, la lentitud en asumir una agenda innovadora para garantizar la adaptación a los retos planetarios. El debate reciente del destino de las regalías de Ciencia y Tecnología da cuenta de ello.  

La globalización no es enemiga de la sostenibilidad si se construye como proceso persistente de retroalimentación con las experiencias locales sistematizadas y con mutua disposición a incorporar aprendizajes a su proceso. Ninguna propuesta impositiva representa una alternativa…