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Óscar Velandia tiene 43 años, trabaja en PepsiCo desde hace 15 y una fiebre alta a los tres años, lo dejó sordo. Como él, cerca de medio millón de personas en Colombia tiene una discapacidad auditiva y solo puede comunicarse a través de lengua de señas. Muchos de ellos, desde su niñez y por múltiples razones, han visto la necesidad de explorar y acceder al mundo que los rodea a través de otros sentidos diferentes al oído. Personas como Óscar y como cada uno de quienes padecen discapacidad auditiva, me hace reflexionar acerca de la empatía y la responsabilidad que tenemos desde las organizaciones de generar acciones claras y decididas que nos lleven a ser empresas realmente diversas, equitativas e incluyentes más allá del discurso y del papel. Es nuestra responsabilidad promover iniciativas y programas visibles que potencien el talento y aprovechen cada una de las diferentes habilidades para construir valores y dinámicas organizacionales sólidas, empáticas y eficientes con nuestras audiencias interna y externa. Así, en PepsiCo, creemos en el valor de la diferencia para transformar. Estamos convencidos que juntos, somos más fuertes, más grandes y mejores. Nos enorgullece trabajar todos los días con colaboradores en situación de discapacidad, como eje fundamental de nuestra cultura que, además, contribuye con el desarrollo empresarial del país y con entregar a nuestra población sorda y a sus familias una mejor calidad de vida y un mejor futuro tanto personal como profesional. Siendo diversos, equitativos e incluyentes, crecemos todos, esta cultura impacta positivamente toda nuestra cadena de valor.
En ese sentido, involucrar y dar a la población sorda oportunidades de trabajo digno, no solo permite mejorar sus condiciones de vida, seguramente, las de miles de familias en Colombia, que, a través de ellos, ven la posibilidad de seguir y salir adelante. Asimismo, es una forma tangible de demostrarles que la sociedad está comprometida con su desarrollo personal y profesional. Cuando se vincula a todas las personas en las empresas, abriendo la maravillosa oportunidad hacia la diversidad e inclusión, no solamente hay un impacto positivo a nivel laboral que, en nuestro caso, por ejemplo, se vio reflejado en el desarrollo de una serie de señas específicas para los productos de nuestro portafolio, sino también a nivel social. Lo anterior, porque nuestros colaboradores afirman que existe mayor empatía hacia el trabajo con personas con discapacidad y esto lo trasladan a sus familias y entorno.
Para nosotros, involucrar a nuestros colaboradores en prácticas de relacionamiento, educación y capacitación con la población sorda, como programas de aprendizaje de lengua de señas, representa un paso muy valioso para minimizar las barreras de comunicación y promover la inclusión laboral mientras fortalecemos una mentalidad empresarial en la que los todos los colaboradores vean reflejado su aporte a los objetivos de crecimiento del negocio y aún más importante, nos enseñen a trabajar en equipo con nuevas maneras de ser y hacer.
Me gustaría plantear a modo de reto, pero también de invitación para las organizaciones, el integrar la conciencia y la empatía como valores corporativos que les permitan a nuestros equipos vivir la diferencia, aprovecharla y construir a partir de ella acciones que aporten de manera real y directa a la inclusión.
Los territorios que progresarán después de la emergencia no serán necesariamente los que más recibieron, sino los que tuvieron la capacidad de convertir este momento en oportunidades y capacidades permanentes
La transición energética es necesaria, pero transición no significa reemplazar irresponsablemente aquello que hoy sostiene el sistema. Significa construir lo nuevo sin destruir antes el respaldo que todavía necesitamos