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La economía estadounidense atraviesa un nuevo momento de mayor complejidad en materia de política monetaria desde el ciclo inflacionario causado por la pospandemia. A diferencia de aquel episodio -cuando la inflación alcanzó 9,1% en junio de 2022, impulsada por exceso de demanda y disrupciones en las cadenas de suministro-, lo que llevó a elevar la tasa de interés hasta el rango 5,25%-5,5%, su posterior normalización condujo la inflación a 2,7% y las tasas a un rango de 3,5%-3,75% al cierre de 2025.
No obstante, la reciente agudización del conflicto en Medio Oriente, las políticas arancelarias y factores institucionales amenazan con presiones sobre los precios, llevando al mercado a anticipar una aceleración inflacionaria que podría exigir una respuesta de política monetaria más contractiva.
Las tensiones actuales reforzarían y se intensificarían en los próximos meses, lo que exigiría un ajuste en la política monetaria. En detalle, el choque de oferta en los combustibles se deriva del conflicto con Irán, cuyo eventual cierre del Estrecho de Ormuz interrumpió cerca de una quinta parte del comercio mundial de crudo y presionó los precios a nivel global.
Para abril, los precios de los commodities energéticos registraron una inflación anual de 29,2% en Estados Unidos, superior al 12,5% registrado en marzo. Esta aceleración fue impulsada por el combustóleo, con una variación anual de 54,3% (vs. 44,25% en marzo), el combustible de motor, con 29,1% (vs. 19,2%), y la gasolina, con 28,4% (vs. 18,9%). La persistencia del pass-through arancelario sobre bienes de consumo ha sumado presiones inflacionarias adicionales. En abril, la inflación de bienes registró una variación anual de 1,1% (frente a 1,2% en marzo) y la de servicios de 3,3% (frente a 3,0%), dinámica que las minutas del Comité Federal de Mercado Abierto (Fomc, por sus siglas en inglés) ya identificaban como un choque con mayor capacidad de propagación y menor velocidad de absorción.

Las presiones de energéticos y bienes importados llevaron la inflación total a 3,8% anual en abril, la más alta desde mayo de 2024 y por encima del 3,3% de marzo, mientras la inflación sin alimentos ni energéticos se aceleró a 2,8%, frente al 2,7% registrado en marzo, evidenciando que el traslado de costos trasciende el choque en los precios de los combustibles.
Este deterioro se ha trasladado con rapidez a las expectativas de los mercados. Las expectativas de inflación a un año repuntaron a 3,5%, frente al 3,3% observado al cierre de 2025, reflejando la sensibilidad del corto plazo a los choques recientes.
En contraste, las expectativas a cinco y diez años permanecen relativamente ancladas en 2,6% y 2,5%, respectivamente, aunque esta estabilidad podría resultar frágil si los choques se prolongan. En materia de política monetaria, el ajuste ha sido igualmente relevante. Mientras en abril se proyectaban tasas inalteradas en torno a 3,75% para 2026 y 2027, las expectativas de mayo ya anticipan 4,00% al cierre de 2027, revirtiendo por completo el escenario de recortes que se descontaba a finales de 2025.
Las minutas del Fomc del 28 y 29 de abril revelan una Reserva Federal profundamente dividida: una mayoría señaló que serían necesarios aumentos si el conflicto con Irán continuaba, lo que llevó al comité a eliminar cualquier sesgo hacia recortes y a adoptar una postura explícitamente bidireccional. Esto se refleja en las expectativas del mercado, donde la probabilidad de que la tasa cierre diciembre de 2026 en 4,00% pasó de 10% a casi 43% en la tercera semana de mayo. Por ahora, el mercado anticipa mayoritariamente un rango de 3,50%-3,75% para el cierre de 2026 y de 3,75%-4,00% para el cierre de 2027, marcando un cambio sustancial en las perspectivas para la economía estadounidense.
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