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La mejor prueba de su inteligencia la pudimos constatar los colombianos cuando escogió como fórmula vicepresidencial a José Manuel Restrepo. Ahora, con el gabinete que estamos empezando a conocer, se ratifica su compromiso con la reconstrucción del país. Pero, si usted quiere dejar un gran legado, la historia puede darle luces sobre cómo hacerlo.
Las cuatro economías conocidas como los tigres asiáticos -Hong Kong, Singapur, Corea del Sur y Taiwán- pasaron, en pocas décadas, de economías pobres o devastadas por la guerra a referentes mundiales de progreso, productividad, equidad y desarrollo. Lo consiguieron por una combinación de disciplina institucional, apertura económica, orientación exportadora, estabilidad, ahorro, tecnología y, muy especialmente, por una apuesta sostenida por la educación.
Lee Kuan Yew, en Singapur, y el liderazgo en Taiwán de Chiang Kai-shek y sus sucesores, para mencionar solo dos ejemplos, entendieron que no podrían dar un salto verdaderamente significativo sin formar mejor a sus jóvenes. Fueron obsesivos con construir sistemas educativos exigentes, con preparar talento científico y técnico, con dignificar el conocimiento y con poner la educación al servicio del desarrollo nacional. Entendieron que solo con educación de alta calidad podían lograr productividad, movilidad social y verdadera equidad.
Finlandia, todavía marcada por los desafíos de la posguerra y empeñada en una transición de una sociedad agraria hacia un Estado moderno, entendió en los años sesenta que su supervivencia competitiva dependía de una educación pública de alta calidad. Igual hicieron los otros países escandinavos. Hoy son líderes mundiales en formación de talento. La educación es la piedra angular del desarrollo.
Pero quizá el ejemplo más impactante es China. Cuando Mao Zedong murió en 1976, dejó como sucesor a Hua Guofeng. Deng Xiaoping había sido despojado de sus funciones, acusado de promover las manifestaciones del 5 de abril de 1976 en la plaza de Tiananmén, expresiones de duelo tras la muerte de Zhou Enlai, que fueron calificadas en su momento como contrarrevolucionarias, pero que más tarde serían reevaluadas políticamente.
Deng, un hombre excepcional por su visión, pragmatismo y liderazgo, fue reclamado por buena parte de la dirigencia del Partido Comunista y por amplios sectores de la sociedad. Muy a su pesar, Hua Guofeng aceptó su rehabilitación. Una vez restituido, Deng pidió asumir una responsabilidad aparentemente sencilla, pero decisiva: ciencia, tecnología, educación y relaciones internacionales. Era consciente de que, si no se destacaban en estas áreas, China jamás podría dar el salto que necesitaba.
Deng también comprendió que la apertura internacional era indispensable. China necesitaba conectarse con la comunidad científica, con las mejores universidades, con la tecnología extranjera y con los centros mundiales de conocimiento. Por eso, la educación, la ciencia, la tecnología y las relaciones internacionales terminaron siendo piezas de una misma estrategia: sacar a China del atraso y conectarla con el futuro.
El milagro chino cambió el mundo. Sería una simplificación atribuir todo exclusivamente a la educación, porque también hubo reformas económicas, apertura, inversión, industrialización y apoyo a la iniciativa privada. Pero sería igualmente un error olvidar que la transformación china tuvo en la ciencia, la tecnología y la educación uno de sus principales pilares.
Usted podría dejar un legado de esa dimensión para Colombia. El doctor José Manuel Restrepo conoce mejor que nadie lo bueno y lo malo de la educación colombiana. Gran parte de su trayectoria ha estado vinculada a la academia, a la dirección universitaria, a la formación de talento y a la gestión pública. Si el doctor Restrepo llegara a asumir una función internacional de alto nivel, como usted lo ha planteado, esa tarea debería tener un propósito superior: poner las relaciones internacionales al servicio de la educación, la ciencia, la tecnología y la formación del talento colombiano.
El doctor Restrepo, junto con la nueva ministra de Educación, la doctora Viviane Morales, podría liderar una gran misión nacional: convertir a Colombia, en los próximos 10 o 15 años, en un referente latinoamericano de calidad educativa, innovación, movilidad social y productividad. Ese sí sería un legado histórico.
Para lograrlo, Colombia necesita reformas profundas: descentralizar más la educación, permitir a los departamentos con mejor capacidad administrativa asumir un liderazgo más decidido en sus regiones, empoderar a los rectores de los colegios, darles mayor capacidad de gestión y permitirles incidir en la conformación de sus equipos docentes, siempre con acompañamiento técnico de las secretarías de Educación y bajo una premisa fundamental: despolitizar los nombramientos y profesionalizar la nómina educativa.
Es urgente mejorar la selección y formación de los maestros, conectar la educación técnica con las necesidades productivas regionales, elevar la exigencia académica, modernizar los currículos, incorporar ciencia y tecnología desde los primeros años y vincular más estrechamente colegios, universidades, empresas y centros de investigación.
Los países que han salido del subdesarrollo lo han logrado apostando de manera decidida por la educación. La equidad se logra con buena educación, no con discursos de lucha de clases.
Con frecuencia, la política educativa en Colombia se ha reducido a anuncios muy publicitados sobre conectividad, infraestructura o entrega de computadores y tabletas, útiles, pero insuficientes si no van acompañados de una transformación seria en la selección, formación, evaluación y dignificación de los maestros, así como de un mayor empoderamiento de los rectores. También es urgente enfrentar, con decisión y diálogo, resistencias como las de Fecode, que han bloqueado o debilitado reformas orientadas a mejorar la calidad educativa.
Con el liderazgo de José Manuel Restrepo se podría dar un gran salto en la transformación educativa. Sus conocimientos, su experiencia académica y su comprensión del desarrollo institucional podrían ser de mucho mayor beneficio si se orientan a la transformación educativa que Colombia necesita.
A los gobiernos les ha dado miedo comprometerse con las grandes reformas que nuestro sistema educativo requiere por temor al poder político de Fecode y porque son reformas que requieren mucho más que los cuatro años del periodo presidencial. La ventaja de su nuevo gobierno es que no tiene compromisos políticos, menos aún con Fecode, y cuenta con el doctor José Manuel Restrepo, quien mejor que nadie puede lograr los consensos para convertir la educación en la gran causa nacional.
Presidente electo Abelardo De La Espriella: si convierte la educación, la ciencia y la tecnología en la gran causa nacional, daría el primer paso para la gran transformación de Colombia.
Con mi admiración y aprecio,
Ricardo Mejía Cano
No son servidores de un gobierno; son servidores del Estado. Su principal aporte consiste en preservar la memoria institucional
Como las serpientes, vamos cambiando de piel, sí, así, literalmente, y la verdadera sabiduría radica en adaptarnos. Somos, por esencia, seres utilitaristas
Desde hace ya bastante tiempo el país ha venido consolidando un modelo tipo centro/periferia en su desarrollo, que más recientemente se está reflejando en lo político