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Analistas 12/08/2026

No más expresidentes

Andrés Guillén G.
Socio director Guillen & Guillen Abogados

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La gran mayoría de nosotros estamos cansados, mamados, y no entendemos la tozudez de los expresidentes en querer intervenir en el día a día de la política. Ya tuvieron su oportunidad, y en muchos casos fue más o menos bien aprovechada en beneficio de todos; en otros, funesta. Pero, de una u otra forma, ya pasó.

No obstante, sin tener ya cargo alguno, y en muchos casos tampoco influencia, se volvió un lugar común verlos pretender seguir ejerciendo un poder o una ascendencia que termina siendo incómoda e inconveniente. “Ex” significa, conforme al diccionario de la Real Academia Española, “fuera o más allá con relación al espacio o al tiempo”. Esta definición aplica perfectamente. Se les ve, con una sola excepción, con guayabo y nostalgia del poder, pero sin hacer realmente aportes, sino más bien tratando, vanamente, de figurar.

Petro es la personificación de la corrupción, “práctica consistente en la utilización indebida o ilícita de las funciones...”. Entregó la seguridad y la mal llamada soberanía a los grupos criminales, activó grupos y marchas de protesta con un criterio de resentimiento y destructivo, desbarató el sistema de salud, usó y abusó de los recursos públicos, es decir, los de todos nosotros, en su beneficio personal y el de los suyos, con un sesgo autoritario e ideológico equivocado. Funesto, oscuro, perjudicial, desconectado de la realidad, mitómano, con inteligencia malvada. Su régimen fue determinador e incitador del magnicidio de Miguel Uribe.

Como el candidato de mediados del siglo XX, el Dr. Goyeneche, que prometía pavimentar el río Magdalena, la diferencia es que el tenebroso llegó a ser presidente. Ojalá pague por sus desafueros y crímenes.

Duque: un tipo decente, tal vez demasiado para gobernar, al que le tocó lidiar con la pandemia, y le faltó más determinación y mano dura frente a los criminales. Trató, sin lugar a dudas, de hacer las cosas bien y en muchos temas lo logró. Ha sabido guardar la prudencia y la decencia.

Santos: manipulador de la política, yo diría que valiente y hasta iluso con su proceso de paz, con un manejo económico responsable. Cometió muchas equivocaciones, creo que en el fondo tenía buenas intenciones. Se le nota la nostalgia del poder. Oscuro el tema de su reelección.

Uribe: el gran colombiano, de los mejores presidentes que hemos tenido, trajo progreso y beneficio. Lástima el “manejo” de la Constitución para su reelección. Ojalá entienda y apoye al actual presidente y sepa manejar los egos, las vanidades y las pretensiones de sus alfiles. Agradecimiento.

Pastrana: un tipo decente, que creyó ingenuamente en la paz, pero enderezó al final de su gobierno. Tal vez es el mejor de los presidentes en función de ex. Buen manejo económico.

Samper: cínico, mentiroso, mordaz -”que murmura o critica con actitud o malignidad, no carente de ingenio”-, entrometido, opinando como si tuviera algún tipo de autoridad moral o algún peso, buscando, vanamente, posicionarse. Confunde humor con desfachatez. Un personaje indeseable en la política colombiana. Bajo su gobierno ocurrió el magnicidio de Álvaro Gómez, en lo que parece ser un crimen de Estado y “todo a sus espaldas”.

Gaviria: un magnífico presidente en una coyuntura muy difícil, transformador, innovador, valiente, acertado. Lástima el ejercicio de la política como director del Partido Liberal, innecesario, superfluo y hasta equivocado.
Salvo por Petro y Samper, agradecimiento a todos ellos, pero no más. Deben entender que su tiempo pasó. La gente quiere cosas nuevas y el país necesita ese cambio generacional y de timoneles. Hicieron o deshicieron lo que pudieron, lo que quisieron o lo que los dejaron, pero de todas formas ya cumplieron su función. Ya es suficiente. Lástima que el poder embriague de esa forma.

Estamos empezando una nueva era con De la Espriella, magnífico gabinete, magnífico inicio. Ojalá entendamos que si al actual presidente le va bien, esto redunda en beneficio de todos. Pero el cambio es evolución y no solo es cuestión ni depende del gobierno. Todos somos responsables y parte de eso, y hay que empezar por cambiar la actitud, actuar con corrección, ser inflexibles y no partícipes frente a la corrupción, denunciar, no permitir falsas noticias, en fin, actuar con un mínimo de sentido común.

Nosotros podemos ser, de verdad, una Patria Milagro; eso depende en buena parte de usted y de todos.

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