Analistas

La caída de las reservas

Colombia, sin ser un país petrolero, sigue teniendo una altísima dependencia del crudo, por eso su economía siempre está al vaivén de lo que ocurre en los mercados internacionales. Después de un largo ciclo de precios altos, los cuales llegaron a tener un pico de US$115,19 para el Brent en junio 16 de 2014, la sobreoferta de crudo precipitó la destorcida de precios a tal punto que a mediados de enero del año anterior se negoció a US$25. Una caída estrepitosa de más de 70%. Posteriormente, los precios tuvieron una importante recuperación, hasta cotizarse finalizando 2016 alrededor de los US$50 el barril y de allí no ha pasado, a pesar de la decisión de la Opep de reducir el bombeo de crudo en 1,8 millones de barriles diarios por seis meses a partir de enero de este año. 

Ello ha afectado tanto al sector externo de la economía, que ha llevado a niveles históricos tanto el déficit comercial como el de la Cuenta Corriente. Todos los países exportadores de petróleo se han visto afectados por la caída de los precios, pero en el caso de Colombia el impacto ha sido mayor, sobre todo en las finanzas públicas, porque a la caída de los precios se vino a sumar la caída de la producción. Después de fijarse la meta y haber logrado producir un millón de barriles diarios, diciembre de 2015 fue el último mes del año que se alcanzó superar ese tope. La caída de la producción media en  2016 fue de 12% con respecto a 2015 y el promedio de la producción en los primeros cuatro  meses de este año estuvo en 844.000 barriles diarios. 

Pero ya advertíamos que por estar invadidos por la preocupación de la baja de los precios y de la producción, estábamos descuidando el peligro mayor que nos acecha: la vertiginosa caída de las reservas probadas de crudo con las que cuenta el país, razón por la cual nos ha venido rondando el fantasma de su importación, lo cual sería una verdadera tragedia para el país. Y no lo decimos a humo de paja, es que entre 1992 y 2002 las reservas probadas de petróleo de Colombia pasaron de 3.232 millones de barriles a 2.002 millones en 2015. Si miramos los cuatro últimos años observamos que se pasó 2.377 millones de barriles en 2012 y una relación reservas/producción de 6,9 años, a 2.445 millones en 2013 y una relación reservas/producción de 6,6 años; para 2014 bajaron hasta 2.308 millones y una relación reservas/producción de 6,4 años y sigue cayendo en 2015 hasta llegar a 2.002 millones y una relación reservas/producción de 5,5 años. Y, para rematar, acaba de revelar la Agencia Nacional de Hidrocarburos que, una vez más, cayeron las reservas, esta vez para estacionarse por debajo de la barrera psicológica de los 2.000 millones, en 1.665 millones de barriles y ya el horizonte de autoabastecimiento (coeficiente reservas/producción) se reduce a solo 5,1 años. Es decir, que a la vuelta de 5 años estaremos abocados a tener que importar petróleo para nuestro abastecimiento. 

La caída de las reservas probadas se da cuando el ritmo de extracción del crudo es mayor que el ritmo de reposición de las reservas extraídas, habida cuenta que se trata de un recurso no renovable y por ello mismo expuesto a su declinación y agotamiento. Como ejemplo: en 2008 el país extrajo 215 millones de barriles e incorporó reservas del orden de los 524 millones, para un saldo neto de 309 millones de barriles adicionales. Entre tanto, en 2016 se extrajeron 326 millones de barriles y a duras penas se incorporaron 46 millones. En conclusión, mientras en 2008 por cada barril de crudo que se extrajo de los yacimientos se incorporaron 2,4 barriles, en 2016 solo se repusieron 0,14 barriles.

Son dos los factores fundamentales que han incidido en esta caída de las reservas probadas de crudo en el país, por una parte la caída de los precios y por la otra el decaimiento de la actividad exploratoria. Como es apenas lógico el volumen de las reservas probadas está en función del precio, ya que este determina la comercialidad de las reservas que se encuentran en el campo en explotación. A mayor precio y menor costo de extracción, tendremos mayores reservas y viceversa. Está establecido que el efecto – precio fue el que más pesó sobre la caída de las reservas probadas, aproximadamente en 202 millones de barriles. El índice de reemplazo de reservas, si excluimos el efecto – precio fue de 79%; en cambio, si se incluye el efecto – precio, el índice de reemplazo baja dramáticamente en 7%. El efecto – precio sobre las reservas se ha visto acentuado por cuenta de la baja actividad exploratoria, desalentada tanto por los bajos precios como por el entorno adverso que está enfrentando la industria petrolera en Colombia.