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Liderar es servir

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Aldo Civico Antropólogo y estratega de liderazgo

Esta semana tuve la oportunidad de conocer la increíble e inspiradora historia de Matt Tenney. En su juventud, él quería ganar libertad financiera antes de cumplir los 30 años. Inicialmente lo hizo por el camino equivocado. Como oficial del Cuerpo de Marines de los EE. UU., inició una conspiración para robar casi US$3 millones en efectivo, mediante la falsificación de una transacción de adquisición. Tenney organizó la entrega no autorizada de US$2,79 millones del Banco de la Reserva Federal de Los Ángeles al Camp Pendleton Marine Corps Base. Después de firmar los documentos finales de entrega, compró un boleto de ida a Brasil. En su camino hacia el aeropuerto el FBI lo arrestó.

Pasó seis meses en el calabozo, en régimen de aislamiento de 22 horas al día. Estaba devastado: había deshonrado a los infantes de marina, había desperdiciado su vida y había humillado a su familia. Apenas capaz de reconocerse a sí mismo como a un criminal y dándose cuenta de que podía ser condenado de 70 a 80 años de cárcel, oró: “Por favor, no me dejes despertar por la mañana”. Para evitar el costo de un juicio, el gobierno le ofreció a Tenney un acuerdo de culpabilidad: se declaró culpable y cumplió 5 años y medio en la cárcel. Ser encarcelado resultó ser una bendición disfrazada.

Después de mucha angustia y contemplación, Tenney aprendió a practicar la “atención plena”, un método para concentrarse solo en el presente, sin distraerse con pensamientos aleatorios. Decidió vivir simplemente mientras estaba en la cárcel y practicar un entrenamiento de la conciencia con diligencia, que incluía largos períodos de silencio. Tuvo que relacionarse con el ruido constante y con ser tratado como si “no tuviera ningún valor en el mundo y nunca lo iba a tener”. Finalmente, alcanzó un estado de serenidad. Esto lo motivó a ayudar a otros prisioneros a lograr también la paz mental. “Tomar pequeños pasos todos los días para empoderar a los demás nos ayuda a enfocarnos menos en nosotros mismos y centrarnos más en servir a los demás”, dice.

Tras su liberación en 2006, Tenney vivió en un monasterio durante seis semanas y casi decidió ser ordenado. En última instancia, reconoció que para él la vida como un monje sería “tomar la salida fácil”. Para cumplir su llamado a ayudar a los demás, se dio cuenta de que tenía que vivir “en el mundo real”. Pasó un tiempo en México, en una escuela de verano en un refugio para niños en Mazatlán. Hoy Tenney se dedica a educar a ejecutivos y gerentes en liderazgo de servicio, reconociendo que el liderazgo es primero que todo un servicio hacia los demás, y no una forma de ejercer el poder o un mero encargo. Dice Tenney, “Liderar con un enfoque en servir a los demás ... ayuda a una organización a lograr un éxito sostenible”.

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