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Lecciones de Venezuela

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Aldo Civico

Esta semana, mi amigo Rodrigo Arboleda me invitó a un seminario del Inter-American Institute for Democracy sobre la crisis venezolana. Fue un foro de altura, con sólidos planteamientos académicos, que, cuando fue necesario, fueron también incómodos. Por ejemplo, escuché una postura crítica frente al trabajo del presidente interino Juan Guaidó y de la oposición política venezolana en general. En resumen, la crítica común es la falta de una intención compartida y por ende de unidad entre la oposición. Es también por eso, dijeron la mayoría de los conferencistas, que Maduro sigue manteniéndose en el poder.

La reflexión no vale solamente para Venezuela o el ámbito político, lo mismo es válido para las empresas donde no es insólito observar que la falta de claridad de intención y propósito, sumada a una falta de cohesión y a la presencia de conflictos interpersonales, causan desenfoque y desmotivación que llevan a un rendimiento insuficiente y hasta al fracaso. Por eso, quizás, la cohesión de los equipos y altos niveles de cooperación sellan un liderazgo inteligente y efectivo, y una cultura organizacional sólida y madura.

Por lo que he escuchado, entre líderes de la oposición en Venezuela, más que cooperación hay competición, que, al fin y al cabo, lleva a la ineficiencia.

Muchas veces he notado este efecto también en las empresas. De hecho, son síntomas de que una organización sufre de una competición tóxica cuando la comunicación está deteriorada, cuando hay obstrucción y falta de solidaridad, lo que alimenta la desconfianza en las verdaderas intenciones de los demás.

Además, son síntomas de que hay una competencia dañina cuando dirigentes o empleados están interesados en avanzar su agenda personal en lugar de los objetivos de la compañía, o promueven su poder personal a costa del poder de otros, o cuando las experiencias de desacuerdo son repetidas y hay un permanente rechazo crítico a las ideas. Cuando se presentan algunas de, o todas, estas dinámicas una empresa está experimentado un ambiente laboral altamente tóxico.

Por eso, Jim Collins, autoridad mundial en temas de administración de empresas, dice que incluso antes de saber para donde un bus quiere ir es obligatorio asegurarse que se tienen a los pasajeros adecuados y necesarios para llegar a la meta. Es decir, la calidad de los integrantes de un equipo y su cohesión es prioritaria, y también el respeto por los objetivos que tiene una empresa. De hecho, si los objetivos son claros, nobles y hasta inspiradores, pero en el bus se encuentran los pasajeros equivocados, nunca se llegará a la meta. Entiendo que en el bus de la oposición en Venezuela no están los pasajeros que se necesitan y tampoco está clara la meta. Si una empresa vive una situación similar le pasará lo mismo que le pasa el país vecino; la única esperanza y solución es despertar la valentía de un liderazgo inteligente y efectivo para bajar del bus a quienes que no deberían estar allí y reconformar al equipo.

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