Quizás la cualidad de liderazgo que más se está enfatizando en este periodo es la agilidad, o sea, la capacidad que gerentes y ejecutivos deben tener para adaptarse. Además, en un periodo tan incierto y complejo como lo es el presente, tener agilidad significa tener la capacidad de facilitar conversaciones profundas, o sea, conversaciones que fomenten ideas, comprensión y nuevas perspectivas. En otras palabras, estas conversaciones abren la posibilidad a nuevas configuraciones. Todo esto significa también tener la capacidad de generar un espacio percibido como seguro. Es decir, la capacidad de crear un espacio que propicie seguridad emocional es fundamental para lograr aquella calma, conexión y creatividad que se necesitan hoy para tener equipos de alto rendimiento.

Cuando Nelson Mandela era todavía niño, lo impresionó la capacidad que tenía su tutor, quien era también el líder de su tribu, de escuchar y de crear un espacio donde todas las opiniones eran bienvenidas. Esta actitud influenció profundamente al estilo de liderazgo de Mandela, en una sociedad profundamente dividida, la cual logró guiar hacia la transformación y la reconciliación. Cuenta Mandela que cuando el líder de su tribu convocaba a su consejo de hombres sabios, después de dar la bienvenida a todos los participantes y explicar el motivo de la reunión, se quedaba en silencio hasta que la reunión estuviera llegando a su fin.

“Todos los que quisieron hablar lo hicieron”, escribe Mandela en su autobiografía, dado que la base del autogobierno era que todos los hombres eran libres de expresar sus opiniones sin ser interrumpidos. “Al principio, me sorprendió la vehemencia y la franqueza con que la gente criticaba al líder”, observó Mandela y “solo al final de la reunión, cuando el sol se estaba poniendo, hablaría el líder”. Además, cuando hablaba, era con la intención de formar cierto consenso entre las diversas opiniones. La experiencia que comparte Nelson Mandela es una experiencia de agilidad en liderazgo y de habilidad para crear un espacio seguro para expresarse con libertad y sin miedo.

Podemos aprender algo importante de la experiencia de Mandela para estos tiempos de incertidumbre. Hoy es necesario que en las empresas líderes reserven el tiempo para tener conversaciones profundas con grupos limitados de sabios, ojalá no más de siete. Además, es necesario que fomenten un espacio seguro, libre de miedo, y donde el líder sea capaz de hacer preguntas importantes y se dedique sobre todo a escuchar. Se trata de construir un espacio donde haya un profundo respeto por las personas, sus opiniones, y donde se acepte que equivocarse es posible en este mundo tan volátil y ambiguo. Esta actitud y hábitos de liderazgo fomentan un sentido de pertenencia que a su vez garantiza la seguridad emocional que hoy se necesita para un alto rendimiento.