Analistas

Una emisión de deuda de película

La verdad es que ya se estaba volviendo costumbre leer historia tras historia refiriéndose a cómo, por enésima vez, Latinoamérica había desperdiciado una oportunidad de oro para poder avanzar y así comenzar a parecerse a Corea del Sur. Que la crisis política en Brasil, que la hambruna en Venezuela, que el narcotráfico disparado en Colombia. Nada positivo aparecía por ningún lado. Hasta que llegó la primera vuelta presidencial en Argentina.

Me acuerdo que ese domingo, ya cercanos a la madrugada, yo andaba concentrado viendo CNN para ver cuánto iba a ser la diferencia en la votación entre Mauricio Macri y Daniel Scioli. Mi expectativa, y había apostado plata con mis colegas, era que Daniel Scioli no le iba a poder ganar a Macri en primera vuelta, pues éste no iba a recibir el suficiente apoyo popular como para sacar 40%+1 de los votos, pero que claramente Scioli era el clarísimo favorito para ganar la elección en segunda vuelta.

Cuando finalmente la autoridad electoral de Argentina anunció que con 60% de los votos contados Mauricio Macri le estaba sacando ventaja a Scioli, lo primero que pensé fue lo siguiente: “uy, pobre muchacho el que está manejando el Power-Point, lo van a echar por descuidado. El hombre se equivocó con los nombres y puso a Macri ganando!” Pero los minutos pasaron, y la información no cambió, y las voces de “asombro” se volvieron más significativas aún.

La presidencia de Macri ha generado un aire fresco y necesario en una Latinoamérica agobiada por el populismo. Como latinoamericano me parece que es una verdadera vergüenza que el mundo nos mire y nos asocie con la catástrofe venezolana, porque la catástrofe venezolana es función de nuestra completa ineptitud. Es culpa de todos que la envidia siga gobernando en Venezuela. Y el gobierno de la envidia, del comunismo, es el culpable de que la gente en Venezuela se pelee hoy por una cebolla. El país más rico del mundo en petróleo no tiene ni para proveerle cebollas a la población. Absurdo. 

La emisión de deuda que acaba de llevar a cabo Argentina al menos nos da espacio a los latinoamericanos para vender una historia un poco más positiva. En total el gobierno de Macri tuvo la capacidad de emitir US$16.500 millones en bonos, a una tasa promedio muy por debajo de 8%, y lo más relevante aún es que en la subasta participaron 600 cuentas que ofertaron US$$68.000 millones para comprar los bonos, o, lo que es lo mismo, para financiar a la administración Macri en su intención de convertir a Argentina nuevamente en un país económicamente viable.

Mi expectativa es que el sistema financiero internacional le continuará ayudando a Argentina a reencontrar su norte económico en el futuro. Hay demasiado que hacer después de más de una década de ostracismo financiero. Argentina necesita más infraestructura vial, más termoeléctricas, más edificios de oficina, más puertos, más camiones, más hipotecas. El hecho que Argentina haya podido recuperar el acceso a los mercados financieros voluntarios abre la puerta para que todo mejore, para que vuelva la inversión.

Eso sí, como la situación fiscal y económica es aún muy precaria, Argentina va a necesitar que el “de arriba” le dé “una manito”. Me queda claro que si la situación financiera mundial se deteriora en el futuro, esta historia que hoy luce tan bien, se puede desbaratar. Pero démonos la opción de ser positivos. ¡Ya es hora de que algo salga bien en Latinoamérica!