Analistas

Diagnóstico equivocado

Supongamos que usted va a donde el médico y le diagnostica que tiene hipertensión. Acto seguido el especialista le receta unas medicinas que le ayudan a reducir ese mal. El problema, sin embargo, es que usted realmente no tenía hipertensión, sino leucemia. ¿Cuál es el resultado? Pues que usted se muere igual, así los médicos hagan su mayor esfuerzo para salvarlo, porque el problema inicial NO era la hipertensión sino la leucemia.

El mundo desarrollado está sufriendo de una enfermedad que no es mortal, pero que sí es muy molesta y entonces obliga al cambio. Esa enfermedad es análoga a la que sufre un adulto cuando llega a los 40 años y comienza a sentir lo achaques de la edad. En el caso del humano en cuestión, este solo tiene dos opciones: o le baja al azúcar, comienza a tomar jugos verdes, y a hacer más ejercicio, o sigue en las mismas y se arriesga a dejar este mundo de manera anticipada.

Los líderes populistas del mundo desarrollado le están vendiendo el diagnóstico equivocado a sus “pacientes”, que en este caso son los votantes del Presidente Trump, los votantes de “Podemos”, o los votantes del Brexit, solo para dar un par de ejemplos. El populismo de izquierda y de derecha le está echando la culpa de la destrucción de los empleos industriales del pasado al comercio internacional y al mundo en desarrollo, diagnóstico completamente errado, pero diagnóstico que igual le parece “sexy” a muchos votantes.

Por ejemplo, para el votante de EE.UU. que se deja cautivar por el populismo, el problema es la inmigración centroamericana, la industrialización de China, o el acuerdo de París. Para el votante populista de Inglaterra, el problema son los musulmanes y los polacos que han llegado al país a “arrebatarle” los empleos a los ciudadanos. Para los votantes de Podemos el problema son los “alemanes elitistas” que no hacen sino aprovecharse de los “pobres” del sur del continente. Lo mismo sucede con los votantes de Le Pen en Francia, o de Bepe Grillo en Italia. En absolutamente todos los casos, el diagnóstico está equivocado, razón por la cual el tratamiento termina siendo equivocado.

El presidente Trump prometió “rejuvenecer” la industria carbonífera de EE.UU.. Valiente anacronismo. Toda la industria de carbón de EE.UU. emplea a unos 85.000 norteamericanos. Solamente la cadena de almacenes Target emplea a 347.000 personas en este momento. Cada mes EE.UU. genera unos 200.000 empleos netos. Mejor dicho, la economía de EE.UU. recuperaría todos los empleos que se perderían en el carbón (si esta industria desapareciera) en menos de dos semanas. Nuevamente, diagnóstico equivocado.

Veamos el Brexit. El votante promedio que sufragó a favor del Brexit pensaba que debido a las políticas permisivas en inmigración, más de 50% de la población de la Inglaterra era ahora de origen musulmán. La realidad: solo 5% de los británicos tienen raíces musulmanas.

Igual es irrelevante todo lo que estoy escribiendo. Cuando la gente se niega a aceptar la realidad, pues no hay poder humano que logre cambiar esta actitud irracional. Cuando la gente está molesta no oye argumentos. Solo un cambio radical en el sistema educativo del mundo desarrollado, un cambio que se enfoque en reentrenar a las personas que se han visto afectadas por el avance de la tecnología, y de esa forma puedan aprender a hacer algo diferente en su vida, puede llegar a descargar los ánimos populistas que se han apropiado de los votantes. Titánica tarea, sin duda alguna…