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Comentarios sobre pánico económico

Muy triste la situación que está viviendo Interbolsa. Tengo mucho aprecio por la firma, una que hace unos 7 años me ofreció ser parte de ella pero por circunstancias varias no se pudo concretar. Es claro que las operaciones simultáneas que se llevaron a cabo con acciones de las textileras pudieron llegar a ser muy riesgosas, obviamente, mirando la situación desde el “día después”, donde juzgar se convierte en trabajo bastante sencillo. Ahora, que quede claro que todo indica que no hubo nada ilegal en el proceso que terminó con la intervención de Interbolsa. Todo indica que acá no hubo fraudes. Lo que hubo fue un problema de fondeo de corto plazo. Valga recordar que la relación de solvencia de Interbolsa es del 21%, más de dos veces superior a lo requerido por las autoridades y el capital de la firma alcanza los 139.000 millones.

La intervención de la firma es una mala noticia para   el futuro de la marca, pues el costo reputacional será difícil de sobreponer. Ojalá me equivoque. Ahora, gracias a los buenos balances de la empresa y al hecho que el mercado colombiano está hoy en día en una situación de plena tranquilidad, hará el manejo de la crisis un proceso más sencillo. Pienso que la compra de una participa-  ción relevante de la empresa por parte de un tercero sería una gran noticia para Interbolsa y para el mercado colombiano.

Una de las cuestiones más desafortunadas de este incidente es el “cómo” se filtró la información al público. Me parece totalmente inaceptable la irresponsabilidad demostrada por el señor Vladimir Flórez, más conocido como Vladdo, personaje que el jueves en la mañana decidió trinar que Interbolsa estaba al borde del colapso. Ante la crítica de muchos, incluyéndome, torpemente este personaje decidió borrar los trinos en cuestión, demostrando, entre otras cosas, una increíble ignorancia sobre los postulados básicos del delito de pánico económico. Valga decir que muchas personas del sector financiero, incluyéndome, habíamos escuchado mucho antes que Interbolsa estaba afrontando problemas de liquidez.

La diferencia, es que a ninguno de nosotros se nos vino a ocurrir trinar rumores sobre la mayor comisionista del país, pues claramente sabíamos que nuestros trinos podían generar pánico económico. Es más, conozco el caso de una empresa financiera en Colombia cuyo Presidente le prohibió a sus empleados referirse o repetir los rumores que se escuchaban sobre Interbolsa. Cuál es mi punto? Muy sencillo. En este caso el sector financiero actuó con gran ética y responsabilidad y el caricaturista Vladdo, guiado por su afán de protagonismo, puso en riesgo el sustento de 400 familias, la estabilidad de los recursos de la gente que tiene cuentas en Interbolsa, y la estabilidad del sistema financiero colombiano en general.  

El tiempo dirá que tan riesgosos eran los repos de Interbolsa, y el tiempo dirá si hubo fallas en la gestión de riesgos. Ahora, las autoridades competentes deberían ponerse mucho más serias con todo lo que tiene que ver con el manejo de la información confidencial y de los rumores que se mueven en los mercados. Dice el artículo 302 del Código Penal Colombiano: “El que divulgue al público o reproduzca en un medio o en un sistema de comunicación público información falsa o inexacta que pueda afectar la confianza de los clientes, usuarios, inversionistas o accionistas de una institución vigilada o controlada por la Superintendencia Bancaria o por la Superintendencia de Valores o en un Fondo de Valores, o cualquier otro esquema de inversión colectiva legalmente constituido incurrirá, por ese solo hecho, en prisión de treinta y dos (32) a ciento cuarenta y cuatro (144) meses y multa de sesenta y seis punto sesenta y seis (66.66) a setecientos cincuenta (750) salarios mínimos legales mensuales vigentes.”

La información que trino el señor Vladimir Flórez era claramente inexacta, pues este señor trino que Interbolsa estaba a punto de “cerrar operaciones”, algo que jamás había sido considerado por las autoridades. Sería bueno que las autoridades hicieran cumplir la ley.