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Analistas 04/05/2026

Triste zona de confort

Alberto Carrasquilla
Economista y ex ministro de Hacienda y Crédito Público de Colombia

El gráfico muestra el PIB per cápita (PPC) en Colombia y Polonia entre los años 1970 y 2023, en términos relativos al observado el mismo año en los Estados Unidos. Por ejemplo, en 1970, el PPC de Colombia equivalía, en números gruesos, a un 22% y el de Polonia a un 30% del PPC observado en los Estados Unidos en dicho año. Nada particularmente interesante o duradero ocurre en materia de crecimiento económico entre 1970 y 1990 en ninguno de los dos países. En Polonia, la relación oscila alrededor de ese mismo 30% y en Colombia, oscila alrededor de ese mismo 22%.

Pero las cosas cambian de manera muy importante hacia mediados de la década de los noventa. Entre 1991 y 2010, Colombia, tras la crisis de fin de siglo, retorna a su zona de confort, o a su querencia, en 2010. Polonia, entretanto, escapa la trampa del 30%, llegando a 45% en 2010 y a cerca de 55% en 2022-23. Lo anterior sugiere que los países que no están en la frontera superior de ingreso, no están condenados a ubicarse igual de lejos año tras año y década tras década. No existe una especie de ley de la gravedad que amarre los países de manera inexorable a un lugar fijo en la escalera del desarrollo.

Al contrario, eso ha pasado muchas veces, Polonia es solo un caso entre muchos que incluye a Japón entre 1950 y 1990, a los llamados tigres asiáticos -Corea, Hong Kong, Taiwan y Singapur- a partir de 1970 y a China a partir de 1990. Ejemplos mas recientes incluyen a Vietnam, que pasa de 5% en el 2000 a 17% en el 2023 y no parece tener intención alguna de detenerse.

El estudio de un proceso de crecimiento como el de Polonia, suele incluir una herramienta muy valiosa que consiste en deducir la parte del crecimiento que es atribuible a los insumos, por llamarlos de algún modo, utilizados en generarlo. Por ejemplo el capital físico, el número de trabajadores y el capital humano con el que estas personas se vinculan a la producción.

El Cuadro 1 muestra el resultado de un ejercicio efectuado usando los datos de la Penn World Table, una prestigiosa fuente de información sobre crecimiento económico internacional. Los números dicen lo siguiente. Primero, entre 1970 y 1990, Colombia creció un poco más rápido que Polonia, pero a partir de 1991, Polonia crece mucho más rápido que Colombia. Segundo, en Colombia el crecimiento siempre está respaldado, fundamentalmente, por la inversión en capital físico (resalto en amarillo el factor que más contribuye al crecimiento en Colombia en cada período). En Polonia, de otra parte, cuando el país despega en el período 1991-2010, el factor mas importante fue la productividad (resalto en azul el factor que mas contribuye al crecimiento en Polonia en cada período). Tercero, la productividad sigue siendo clave en Polonia en el período mas reciente (explica 0.56 de los 3.1 puntos porcentuales de su crecimiento total, y es un factor muy menor, incluso negativo en el período 1991-2010, del crecimiento colombiano).

La conclusión es clara, y también ampliamente conocida: la razón principal por la cual Colombia no sale de su triste zona de confort es la baja productividad. Los diagnósticos ya se han hecho hasta la saciedad: demasiados colombianos y demasiadas colombianas están condenados a la informalidad en ocupaciones de muy bajo potencial tanto personal como macroeconómico; la calidad de nuestra educación es pésima comparativamente, como lo muestran cada tres años las pruebas Pisa; estamos demasiado cerrados al flujo de comercio internacional y, para remate, ponemos barreras excesivas a la iniciativa privada y, luego, la castigamos a través de unas cargas tributarias muy poco amigables a la innovación. De nuestra triste zona de confort no vamos a salir nunca si insistimos en sostener el pacto social que nos define, bastante a medias, como país. Si insistimos, digo yo, en todo eso que Parente y Prescott llamaron “barreras a la riqueza”. Peor aún, podemos incluso salir para el otro lado, empezar a crecer incluso menos de lo que crece Estados Unidos, si nos da por seguirle el juego a la idea de que el estado-empresario es nuestra salvación.

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