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Gráfico LR
Desde diferentes frentes, se viene hablando del deterioro de la democracia liberal en los últimos años. El Gráfico 1 ilustra una de las principales razones por las cuales existe esta preocupación. Se muestra el llamado “Índice de Democracia Electoral”, construido en el contexto de un proyecto muy importante llamado “Varieties of Democracy”, con sede en la Universidad de Gotemburgo, muy utilizado por los politólogos interesados en el tema. Concretamente, se muestran dos promedios tomados entre más de 150 países, uno de manera simple y el otro ponderando por el tamaño de la población. La conclusión es clara: las cosas no van bien para la democracia.
El deterioro que ha tenido la democracia en el mundo durante la última década recae sobre un número muy grande de personas, no tanto a nivel de países como un todo, sino de la mayoría de países, ahí vamos. En Colombia, para no ir más lejos, el indicador es prácticamente el mismo en 2012 (0,054) y en 2025 (0,055). En concreto, el Gráfico 2 muestra la contribución de 10 países que explican un 82% de la caída total del indicador ponderado y solo 2 de ellos, India y Estados Unidos, explican el 46,9%.

Lo interesante es que, concentrado de esta manera, el deterioro democrático se presta para una pregunta importante: ¿qué efecto está teniendo el enorme y crónico choque negativo sobre la calidad de vida de la gente en la década larga? India, por ejemplo, es de los países con mayor crecimiento económico en este período y le ha aportado tanto al ingreso per cápita del mundo, como al deterioro democrático del mundo (Gráfico 3). De otra parte, según el World Happiness Report, que mide el grado de satisfacción de la población con las circunstancias generales de su vida, durante este período el promedio simple del indicador sube ligeramente a nivel global, pero cae de manera importante en India y, en mayor grado, tanto en Estados Unidos, como, en grado aún más fuerte, en Colombia, donde democracia y PIB, pues ahí van.
De tal manera que el indudable deterioro democrático de los últimos lustros, medido de la manera descrita, es un fenómeno concentrado de manera fuerte en unos pocos países con mucha gente, y allí no ha influido mayor cosa ni en menoscabar la dinámica de la actividad económica, ni en la percepción de la gente acerca de su vida diaria.
Todo lo anterior para plantear que, con la democracia, parece suceder una cosa similar a lo que pasa con la estabilidad macroeconómica más básica. La gente no se da cuenta de lo que tiene, hasta que empieza a perderlo. Y, como dijo algún personaje de “El sol también sale”, cuando le preguntan: “¿Y usted cómo se quebró?”, responde: “Al principio, gradualmente, y luego de repente”.
El diagnóstico está claro: si los empleadores deben pagar +52% de obligaciones laborales-contributivas, el mercado laboral se explayará hacia “los independientes”