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Analistas 20/01/2024

Narconovela y sostenibilidad

Adriana Gutiérrez Ramírez
Gerente de Bloom Ecoworking
Adriana-Gutiérrez-Ramírez

Ojalá todo fuera tan sostenible como lo es la producción permanente de narconovelas colombianas y su influencia sobre las nuevas generaciones.

Suena raro y hasta contradictorio pensar que ambos temas -narconovelas y sostenibilidad-tengan algo que ver entre sí y más cuando asociamos la segunda a lo social como algo “positivo” para garantizar la continuidad del planeta.

La Unesco define la educación para el desarrollo sostenible como un “proceso de aprendizaje continuo que permite a las personas comprender las interacciones complejas entre los sistemas económicos (de gobierno), sociales y ambientales, de forma que se puedan desarrollar habilidades para abordar los desafíos globales”.

Si nos acercamos un poco más al concepto que tiene mayor aceptación entre la cultura sostenible encontramos que “la sostenibilidad es el desarrollo que satisface las necesidades del presente sin comprometer la capacidad de las futuras generaciones, garantizando el equilibrio entre el crecimiento económico, el cuidado del medio ambiente y el bienestar social”.

Cuando tenemos más o menos claro cómo funciona este tema y lo apartamos de su sentido meramente ambiental, es cuando logramos asociar que el contenido que producimos como empresarios, emprendedores, padres de familia y sociedad en general tiene un significativo impacto sobre la sostenibilidad del planeta.

Se anuncia con bombos y platillos la llegada de una narcoserie a una de las más reconocidas plataformas de entretenimiento y que engrosa la ya nutrida lista de producciones colombianas de este “talante” y que como madre de familia, amiga, emprendedora y anfitriona de muchos extranjeros y nómadas digitales que llegan a nuestro país maravillados por tantas cosas buenas, me preocupa que se topen con este tipo de contenido que no refleja la realidad actual de nuestra sociedad y menos la de una generación como la nuestra que creció en un entorno plagada de violencia, bombas, asesinatos, muerte, secuestros, y abuso. Esos niños de los 80 que hoy somos una generación de papás que luchamos por construir un país diferente para nuestros hijos y que estamos trabajando desde nuestros proyectos productivos para atraer mercados globales a mover nuestra economía de manera positiva y generando en ellos una gran sensación de seguridad.

La verdad es que no solo proyectamos seguridad sino que en realidad somos una ciudad relevante en el mapa y que se distingue por ser hoy en día: amigable, feliz, servicial, trabajadora, tesa, tecnológica, anfitriona, preparada y organizada, entre mil cosas más.

Duele que este contenido tenga tanto poder sobre el desarrollo sostenible en nuestro país. Sobre todo en una generación que trabaja duro en recomponer el tejido social llenando a nuestros hijos de valores, promoviendo el estudio, trabajando de manera transparente y consumiendo de manera responsable para no comprometer la sostenibilidad de las futuras generaciones.

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