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Analistas 10/02/2021

La huella ambiental del teletrabajo

Por todas partes se habla del impacto positivo que ha traído la pandemia en términos ambientales para el planeta, pero esto no es del todo cierto. Durante el confinamiento pudimos percibir un cambio importante en la calidad del aire que respiramos en ciudades contaminadas como Medellín; se escuchaba con nitidez el trinar de las aves, pudimos avistar algunas especies animales que volvieron a habitar las calles, y todo esto debido a que las emisiones ocasionadas por los medios de transporte y algunas industrias disminuyeron casi en un 100%.

De igual forma, algunas “buenas prácticas” como el reciclaje que ya se venían dando con fuerza en algunas organizaciones y hogares en todo el mundo, se vieron suspendidas ante la falta de una correcta disposición de desechos sanitarios como guantes, tapabocas, recipientes de productos de bioseguridad y demás. El simple “acto” de depositar el tapabocas en el lugar correcto y no mezclarlo con desechos orgánicos u otros, parece una tarea fácil pero de la que solo son conscientes unos pocos. Sin duda, la labor del reciclador se dificulta enormemente, sometiéndose a un riesgo de contagio que no dimensionamos.

Lo que quiero expresar con este ejemplo es que aunque hayamos ganado en la disminución de emisiones, hemos empeorado las cosas en parte por el mundo digital. Elevar la conciencia en este sentido será fundamental para que las personas logren desde este entorno disminuir la problemática.
Claramente, nos ha costado comprender que la era digital y su acelerado crecimiento tras la pandemia, ha traído consigo otros factores contaminantes que en definitiva nos ponen en una situación confusa y difícil de masticar, y quienes lo comprenden pareciera que siguieran con frecuencia el popular refrán: “¡el que reza y peca...empata!”.

La huella ambiental que hoy en día están generando las telecomunicaciones y el comercio electrónico elevan el nivel de preocupación de quienes queremos dejar para las nuevas generaciones un mundo mejor.
Gracias al tráfico de internet que ha traído el teletrabajo y el ocio doméstico, crecieron los hasta ahora invisibles enemigos del planeta. Este imparable monstruo ha traído consigo negativos impactos ambientales en términos de emisiones, consumo de agua y uso de la tierra dejando a su paso una huella ambiental profunda sin mencionar la social, ¡por ahora!

Aquí se trata de dimensionar un poco el abordaje de la problemática y cómo desde las buenas prácticas y sin ser ambientalistas extremos podemos empezar a impactar positivamente.

Las siguientes cifras prenden las alarmas, pues solo una hora de videoconferencia o transmisión, por ejemplo, emite entre 150 y 1.000 gramos de dióxido de carbono, que requiere también entre 2 y 12 litros de agua y precisa un área de tierra aproximadamente del tamaño de un iPad Mini. Sorprendente, ¿no? Dejar la cámara apagada durante una llamada web puede reducir estas huellas ambientales en un 96%, transmitir contenido en definición estándar en lugar de alta definición mientras se usan aplicaciones como Netflix también podría acarrear una reducción del 86%, estiman los investigadores.
Habrá que esperar nuevos estudios y mediciones de este tipo de huellas. Sin embargo, este que es el primero, nos muestra que no vamos por buen camino si no entendemos cómo funcionan estas herramientas de telecomunicaciones y les damos el manejo adecuado.

Los hallazgos se han publicado en la revista Resources, Conservation & Recycling.