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Analistas 26/07/2022

Aceptar que no soy gerente del planeta

Adriana Gutiérrez Ramírez
Gerente de Bloom Ecoworking

Para titular esta columna acudí a una de las tres erres de la economía circular: “reutilizar”… -hasta en la escritura veo la sostenibilidad- y en esta ocasión lo hago desde de las redes sociales de @efrenmartinezo un psicólogo cuyo contenido me ha servido para trabajar en mi propósito personal. Pero justo me sorprendió con un post el 23 de julio muy alineado a lo que he venido exponiendo en mis últimas columnas. Aquellas en que además he citado a @santiagomolano y @claudiabahamon porque esto de la sostenibilidad desde mi perspectiva va mucho más allá de hablar de medio ambiente.

“Mis manos no detienen las olas ni los tsunamis, ni siquiera pueden sostener unas cuantas gotas, ni detener el viento, mucho menos el tiempo, lo que piensas realmente o lo que hay en tu corazón. No ha sido fácil aceptar que no soy el gerente del planeta y que el universo se burla amorosamente, al ver mis inocentes intentos por hacer que el mundo gire para el otro lado”.

Esto me pone a pensar en el fanatismo de muchas personas, en este caso, aquellos relacionados con la sostenibilidad. Seres extraordinarios comprometidos con el bienestar del planeta, que trabajan por un estilo de vida más sostenible pero que muchas veces se obsesionan por acelerar el estilo de vida de los demás, llegando incluso a padecer del denominado “eco estrés” enfermedad de moda entre este tipo de personas que quieren cambiar el mundo y controlar los hábitos del resto de la humanidad, criticando con fuerza las regulaciones y actuaciones del gobierno y la producción industrial.

Desde lo ambiental, pero también desde lo económico y lo social existen fanáticos que pierden la calma y el disfrute por su proceso personal al querer estar atentos al de los demás. Ese afán de gobernar la manera en que se produce, regula y se comporta (consume) el resto de la humanidad solo provoca enfermedades mentales y un agudo sentido de impotencia que desemboca en la profunda idea de que el planeta se va a acabar por el comportamiento de los demás.

La cuestión aquí es ¿cuántos se están preocupando por sostener su mundo interior? ¿Cuántos han comprendido que solo ocupándonos de habitar nuestra mente y gobernar nuestras emociones en primer lugar hará que podamos contribuir para habitar un mejor planeta? ¿Cuántos han entendido que solo si nos hacemos cargo de nosotros mismos y de nuestro bienestar obtendremos las herramientas para habitar un planeta sin importar el proceso del otro?

Sorprende ver muchos ingenieros, coaches, talleristas, docentes y ambientalistas brindando pautas para salvar el planeta cuando en realidad no son capaces de sostener su propia mente. Cuando en vez de aportar a la sostenibilidad social atacan verbalmente a quienes no son conscientes de ello o no han iniciado su propio proceso.

Sorprende que aún en medios de comunicación masiva se promueva mensajes apocalípticos sobre el cambio climático. Atemoriza que muchos influenciadores publiquen destrucción, mortandad, cerros de basura y distopía a diestra y siniestra.

No podemos poner el mundo girar al revés como dice aquel reconocido vallenato o Efren Martinez en su post, pero si lo podemos lograr en nuestro mundo interior porque como él mismo lo dice: “ni apretando su cuerpo, ni haciendo fuerza, lo que ya pasó dejará de haber pasado, ni el agua ya no mojará, ni el sol dejará de calentar”.

Aquí la clave para empezar a construir un mejor planeta con lo que nos queda de él ¡por cierto!, es “aceptar la humilde consciencia de nuestra condición humana” y así liberarnos de tan alta pretensión y empezar a trabajar desde el yo. Todo esto comienza cuando aceptamos que no somos los gerentes del planeta pero sí de nuestra cabeza y que todo aquello que nos muestra el planeta mismo a través de la “destrucción” llamar tsunami e inundación puede ser un espejo de lo social o individual y que mientras no lo veamos así, no aprenderemos lo que del planeta venimos a aprender.

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