La depresión económica se genera cuando de manera abrupta se desploma la demanda de bienes y servicios. En tiempo de crisis, los hogares se ven abocados a suspender o a limitar la adquisición de todo lo que no es esencial ni fundamental para garantizar la subsistencia. Los primeros sacrificados durante dificultades económicas globales, como la que se ha registrado este annus horribilis, son los artículos catalogados como suntuarios. Lo mismo sucede con servicios como el turismo o el ocio.

La severidad y rapidez de la contracción económica ha sido tan fuerte que el Gobierno ha tenido que inventar toda suerte de estrategias para evitar un cataclismo similar al de 1929. El acelerado crecimiento del desempleo obliga a la adopción de medidas de choque como las que he propuesto extensamente en columnas anteriores, empezando por la reducción de los impuestos, con el fin de que las empresas, en vez de preocuparse por atender sus compromisos tributarios, puedan tener caja suficiente para reactivarse y, por ahí derecho, restablecer los puestos de trabajo que han sido eliminados en los últimos meses.

Colombia es de los países con IVA más alto. En Estados Unidos, Florida tiene un impuesto a las ventas que oscila entre 6,5% y 7,5%, dependiendo de los distintos condados. Nosotros, tenemos un impuesto al valor agregado de 19%. Nuestro vecino Panamá tiene una tasa de 7%; en Ecuador es de 12%. Estamos un punto por encima de Perú, donde es de 18%.

Las jornadas del día sin IVA han sido exitosas. Muchos comercios lograron, como se dice popularmente, “cuadrar” un poco su caja. Negocios que estaban pasándola realmente mal con una reducción dramática de clientela y que no tienen posibilidades de venta en línea han tenido en esos días un oasis en el que han “bebido” un poco de agua para mitigar el calor extremo de esta pandemia, que parece no tener intenciones de desaparecer en el corto plazo. No está de más que, de cara a 2021, el Gobierno evalúe la ampliación de medidas de ese estilo, pues cerraremos año con covid-19, enfermedad que seguirá presente el 1 de enero.

El próximo sábado será el último día sin IVA de este año. Esta oportunidad para hacer las compras navideñas se presenta en un momento en el que vemos un preocupante crecimiento de la curva de contagios. Los epidemiólogos ya están hablando de un rebrote causado, en buena medida, por la bajada de las temperaturas en esta temporada “otoñal”. El frío es combustible para los virus.

Lo primero es recordar que no podemos aflojar en las medidas preventivas ni de aislamiento inteligente durante las salidas a hacer las compras. Así mismo, las Secretarías de Salud de las distintas ciudades deben poner en marcha dispositivos y mecanismos para evitar aglomeraciones en las grandes superficies y centros comerciales. Con disciplina y rigor, podemos cumplir con éxito un nuevo día sin IVA, estimulando a los compradores, beneficiando a los vendedores y garantizando que esta no sea una ocasión para expandir el mortal virus.

No podemos ser cándidos y creer que las ventas de un solo día serán la salvación, pero sí son un alivio para esos valientes empresarios y comerciantes que han tenido el ingenio para sobrevivir este apocalíptico 2020.