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ALTA GERENCIA

¿Un croissant mensual?

martes, 18 de abril de 2017
Foto: 123RF
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Rodrigo Ferro Ruiz

Nada garantiza que una empresa dure. De hecho, la tasa de mortalidad antes de los 3 años es muy elevada, como lo demuestran las cifras de las diferentes Cámaras de Comercio. Para mantener una empresa en el largo plazo, nuestra sociedad ha ideado algunas figuras que pretenden dar estabilidad, como por ejemplo la revisoría fiscal y las juntas directivas.

Con tanto escándalo de corrupción dejaremos el análisis de los revisores fiscales para columnistas especializados en ello y nos ocuparemos de las juntas directivas, entes también en el ojo del huracán por cuenta de su “pasivo” papel.

Una Junta Directiva es un órgano pensado para dirigir una empresa (por eso se llama Directiva). Es increíble que pidamos a las juntas ser operativas y estar enteradas de todos los detalles de una empresa. Esa es la labor de la Gerencia. No puede ser que se califique como “mala” a una junta que no está enterada de si se compró jabón para los baños, pues su papel tiene que ver con el cuidado del largo plazo de la empresa.

De aquí se deriva el segundo punto. El largo plazo tiene que ver con sostenibilidad financiera, razón por la cual en las juntas se presta mucha atención a los números, no solo de la operación, sino proyectados. Es por ello que, generalmente, se pide a la Gerencia que envíe las cifras con anticipación, para poder estudiarlas.

Lo anterior deriva en la inevitable pregunta de quién(es) conforma(n) una junta. Y encontramos verdades de diversos tipos. Si la empresa es grande y/o tradicional suele haber miembros independientes, es decir no los hermanos/primos del dueño, sino generalmente personas de altas calidades profesionales por haber ya ocupado puestos directivos. Es decir, son personas que tuvieron que capotear crisis, subidas y bajadas y, por tanto, se consideran como sujetos que pueden dar buenos consejos. ¿Es una junta directiva un estamento de esta naturaleza? Ahí está la duda, pues algunos miembros terminan siendo no más que pomposos nombres puestos en un informe, que opinan sobre lo divino y lo humano pero no tienen compromiso alguno con la organización que los nombra y tampoco con su largo plazo.

Ni hablar de lo que ocurre en empresas más pequeñas, en las que la junta es conformada por miembros no independientes, cuya única misión es defender sus intereses personales anteponiéndolos a los de la organización. Es por esta razón, entre muchas otras, que las empresas no perduran en el tiempo, porque no consiguen que alguien, menos el Gerente inmerso en el día a día, las piense para el futuro.

Y esto nos lleva al último punto: pensar. Las juntas directivas se reúnen periódicamente según el tiempo disponible de sus miembros. Error. Un ente directivo hecho para pensar la organización a largo plazo no puede terminar embebido en balances, detalles, uno que otro croissant del desayuno mensual o bimensual, una charla amena y nada de fondo. Las empresas fueron hechas para el largo plazo y deben darse cuenta de la importancia que eso tiene, no sólo para sus accionistas sino para la economía, el país y la gente.

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