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Un informe realizado por la Unal advierte proyecciones de emisiones que superan los 9 millones de toneladas de dióxido de carbono
La Universidad Nacional de Colombia analizó el impacto ambiental proyectado para la Copa Mundial de Fútbol 2026, la cual contará por primera vez con la participación de 48 selecciones y un total de 104 partidos. La distribución de las sedes entre Estados Unidos, Canadá y México implica un incremento significativo en las distancias de traslado para los equipos, el personal logístico y los aficionados en comparación con ediciones anteriores de este torneo.

El estudio señala que la industria del fútbol genera emisiones de gases de efecto invernadero principalmente a través de la construcción y operación de infraestructuras, así como por los desplazamientos terrestres y aéreos. Como antecedente, las investigaciones mencionan que en competiciones locales, como la Premier League inglesa, la mayor parte del impacto ambiental proviene del transporte. Además, los torneos mundiales celebrados desde 2002 en adelante muestran una tendencia de crecimiento en sus emisiones de dióxido de carbono debido a la escala de los eventos.
Para la edición de 2026, la necesidad de transporte aéreo masivo se intensifica al abarcar cuatro zonas horarias diferentes. El calendario y la dispersión geográfica obligarán a realizar trayectos prolongados entre ciudades distantes, superando en varios casos los 4.000 kilómetros de recorrido entre partidos. Adicionalmente, la falta de conexiones eficientes de transporte público en los alrededores de diversos estadios seleccionados propiciará un incremento en el uso de vehículos particulares y autobuses.
Las estimaciones presentadas en el informe indican que el torneo generará al menos 9 millones de toneladas de dióxido de carbono debido a las dinámicas de viaje, el consumo energético de los recintos y la logística para los 5,5 millones de espectadores previstos. Al considerar únicamente los trayectos en avión necesarios para cubrir la totalidad de la competencia, la proyección de emisiones de dióxido de carbono se eleva a cerca de 15 millones de toneladas, estableciendo el registro más alto reportado en la historia de la competición.
Por otra parte, el análisis advierte sobre las condiciones climáticas que afrontarán los participantes durante los meses de junio y julio en América del Norte. Diez de las dieciséis ciudades sedes registran proyecciones de estrés térmico, una combinación de alta temperatura y humedad que dificulta la regulación corporal. Esta situación afectará el rendimiento y la salud de los atletas en localidades específicas de Texas y México, obligando además a los estadios a realizar un consumo energético elevado para activar sistemas de refrigeración interna.
El documento evalúa el cumplimiento de los compromisos de sostenibilidad asumidos por la Fifa, que incluían la reducción de sus emisiones en 50 % para 2030. De las acciones programadas en su estrategia climática, los investigadores señalan que solo se han completado dos, a pesar de los recursos presupuestarios disponibles para el ciclo actual. El informe concluye que la presencia de patrocinadores vinculados a sectores de alta emisión e industria plástica influye en la gestión ambiental del organismo deportivo.