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ALTA GERENCIA

El contradictor no necesariamente es un enemigo

lunes, 14 de enero de 2013
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Fernando Albán Díaz del Castillo

Uno de los puntos que más influye en el éxito o fracaso de la gestión de un gerente, es el equipo de personas que lo rodea. Dependiendo del caso, algunos gerentes, al ser nombrados, tienen la posibilidad de escoger a sus asesores, directores, profesionales y auxiliares; mientras que otros, deben comenzar su gestión trabajando con empleados que formaron parte del equipo del director anterior.

Con el tiempo, algunos miembros del equipo irán ganando responsabilidades y confianza, mientras que otros, poco a poco empezarán a ser trasladados o asignados a tareas diferentes, bien porque no se entendieron con el nuevo gerente, porque no lograron demostrar sus habilidades, no se ganaron su confianza o sencillamente, porque hubo poca o ninguna empatía con él; lo cierto es que de la personalidad del gerente, dependerá en gran medida la clase de equipo que finalmente lo acompañe en su gestión.

Un gerente analítico, por ejemplo, buscará rodearse de buenos consejeros a quienes escuchará con atención antes de tomar cualquier decisión; uno muy imaginativo, buscará colaboradores prácticos que puedan desarrollar sus ideas, mientras que uno tímido, seleccionará un asistente que lo represente en diversas actividades. Lo ideal es que el gerente se rodee de personas que lo complementen y asesoren en aquellas materias que no domina suficientemente.

Pero si quien dirige un departamento o la empresa, es una persona que tiene una personalidad dominante y arrolladora, es autosuficiente, gusta del poder, le encanta ser el centro de atención y es quien siempre dice la última palabra en todo, seguramente buscará rodearse de colaboradores, poco brillantes, que no lo contradigan, le lleven la corriente y adulen con regularidad.

Desde su posición dominante, el gerente encontrará siempre la manera de anular a sus contradictores y a todo aquel que no esté de acuerdo con sus planteamientos y criterios, labor en la que el equipo de colaboradores tomará parte activa, combatiendo y descalificando, en cualquier reunión, a quien se oponga o lo contradiga. En este esquema, solo surgirán las ideas y planteamientos del gerente, los demás, por buenos, serios e interesantes que sean, serán desechados y hasta ridiculizados por el solo hecho de no provenir de quien ostenta el poder.

Muchos son los errores que puede cometer un gerente que evita la confrontación de ideas y la crítica, y que toma sus decisiones fiándose solo de su instinto, experiencia y conocimientos, sin permitir a nadie expresar una opinión en contrario o advertirle sobre los riesgos que puede estar corriendo al tomar una decisión. Aunque todos los miembros del equipo sean conscientes del error que se esté cometiendo y de sus fatales consecuencias, ninguno se atreverá a expresar su punto de vista por temor a ser descalificado y considerado “enemigo” del proyecto o, lo que es peor, del propio gerente.

Nos enfrentamos a un problema cultural que debemos combatir, consiguiendo que en las empresas, se destierre del sentir colectivo, la idea de que quien critica una idea o un proyecto con argumentos lógicos y bien sustentados, es un enemigo; por el contrario, debemos tener presente que quien nos advierte de un peligro, es un colaborador leal, que siente que expresar sus dudas, es parte importante de su responsabilidad.

No hay nada más sano para la toma de decisiones exitosas, que el ejercicio de la crítica y el debate objetivo de las ideas. Quien no escucha sino su propia voz e impone sus ideas aprovechando una posición dominante en la empresa, corre el riesgo de cometer grandes errores.

El entusiasmo colectivo aleja la crítica certera
La historia empresarial está llena de casos en los que después de ocurrido un fracaso, muchos reconocen haber intuido lo que iba a suceder, pero confiesan no haber tenido el valor suficiente para advertirlo, por temor a quedar en ridículo ante el gerente, su equipo o sus compañeros de trabajo. También es frecuente que el entusiasmo colectivo que reina en torno al éxito de una idea o proyecto, termine por envolver hasta al más pesimista, haciéndolo dudar de su propia convicción.

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