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TECNOLOGÍA La diferencia entre la mora y la manzana
miércoles, 28 de noviembre de 2018

La innovación empresarial no es fácil de lograr.

Edgar Ibarra Y.

A principios del mes de agosto de 2018, todos los medios de comunicación del mundo publicaron la noticia: Apple alcanzó el trillón de dólares de valor de mercado, gracias a que sus acciones se valorizaron 2,82% y se cotizaron a US$207,31. Un nuevo hito en la economía global, después de que AT&T lograra superar el billón de dólares en 1924 y que el Banco de Norte América superara US$1 millón en 1781.

Unos días después y con mucha curiosidad por saber más, tomé mi iPhone y llamé a un buen amigo que trabaja en Apple para felicitarlo y preguntarle cómo se estaba viviendo este gran momento dentro de la compañía. Palabras más, palabras menos, me explicó que más que un ambiente de celebración, se vivía una emocionante expectativa por los grandes retos que están trazados para el futuro y el compromiso de trabajar mucho más fuerte, como nunca antes lo habían hecho, pues lo mejor está aún por llegar.

Colgué y me quedé pensando “¿Lo mejor está aún por llegar?”

La respuesta es ¡Obvio!, o acaso ¿qué otra cosa podía esperar de la compañía que heredó el espíritu insaciable (hungry) y rebelde (foolish) de Steve Jobs, y que lleva ocupando el primer lugar desde 2012, gracias a su interminable capacidad de reinventarse? Qué más se puede esperar de ese equipo de personas, que durante los últimos años no ha respondido a las necesidades simples de los seres humanos, sino que las han creado, haciéndonos verlas donde nunca antes habían existido. Porque Apple logró entender que las personas no sabemos que necesitamos algo, hasta que alguien nos la muestra. Y ellos lo han sabido hacer día tras día, sin descanso, logrando crear un estilo de vida y haciendo que sus clientes se identifiquen con su espíritu revolucionario.

Caso contrario sería, si hace 11 años la llamada se la hubiera hecho a un amigo que trabajara en Blackberry, con la intención de felicitarlo por el dominio de su compañía en el mercado de smartphones de Estados Unidos (50%) y del mundo (20%), y además para preguntarle por lo que pensaban internamente del lanzamiento del nuevo iPhone de Apple.

Seguramente mi amigo me habría contado, palabras más, palabras menos, que sus jefes Mike Lazaridis y Jim Balsillie “se sentían tranquilos, pues veían al recién llegado como poco más que un juguete, y que ese nuevo producto se encontraba lejos de la reputación de seguridad de sus dispositivos”. Que no había mucho por qué preocuparse…

Reinventarse no es fácil. Si para empresas multimillonarias como Blackberry, Blockbuster, Nokia y Sony, no lo fue o no lo ha sido, mucho menos para emprendedores que vivimos en una lucha constante entre la conformidad y el riesgo a nuevos caminos.

Hoy, la competencia es más fuerte que nunca (seamos emprendedores o empleados), y si queremos sobrevivir, debemos salirnos de la comodidad, ya sea la comodidad de la mediocridad o la comodidad del éxito. No importa en cuál estemos, las dos son igual de peligrosas.

Reinventarse, ahora o nunca, porque recordemos que la diferencia entre la mora y la manzana, es que la primera cayó en la trampa de la comodidad del éxito, y la segunda aún no.