miércoles, 13 de noviembre de 2019

Es nuestro derecho y nuestro deber seguir en la búsqueda del cambio. Un cambio urgente e inmediato, porque como decía Albert Einstein, locura es pretender tener resultados diferentes, haciendo siempre lo mismo

Édgar Ibarra

Ya no hay duda, estamos enfrentando una crisis como sociedad. La calle está dura, y pareciera que cada día se pone peor. A pesar de las cifras macroeconómicas que nos muestran como un país superior al promedio latinoamericano, el contexto social, político, económico, cultural y ambiental es muy complejo. Todos los días nos enfrentamos a hechos y noticias descabelladas, realidades que nos dejan perplejos y con la moral por el piso. Lamentablemente seguimos estando muy lejos de ser un país en paz y con equidad, a pesar de los grandes esfuerzos que muchos hacemos desde nuestro lugar de trabajo.

Décadas de corrupción, injusticia e instituciones gubernamentales perversas han dejado al pueblo sumido en una situación deplorable, con pocas oportunidades, con un servicio de salud que apenas y aveces funciona, sin una educación de calidad, sin la esperanza de una jubilación. Definitivamente quienes nos gobiernan, no están a la altura para entender que exigimos un cambio. Por el contrario, parecieran ser ciegos y sordos a la realidad.

Pero la buena noticia es que al mismo tiempo, está surgiendo un despertar ciudadano consiente y responsable. Una voz de millones que ejercemos nuestro derecho a la protesta, despojados de capuchas y armados de argumentos. De millones que votamos contra la politiquería y la corrupción, que no dejamos comprar nuestra conciencia. De millones que creemos en la necesidad de que el Estado llegue a la mitad de la Colombia abandonada a su suerte. Sin ser de ningún partido político, es un centro que sigue clamando por un líder de verdad.

Es nuestro derecho, y al mismo tiempo nuestro deber, seguir en la búsqueda del cambio. Un cambio urgente e inmediato, porque como decía Albert Einstein, locura es pretender tener resultados diferentes, haciendo siempre lo mismo.

Ha sido la suma de muchos y variados factores: el acceso a la información sin filtros ni maquillajes, el debilitamiento de los medios tradicionales, y el resurgimiento de nuevos liderazgos de opinión lejanos a los poderes tradicionales. El poder se partió en mil pedazos, y como ciudadanos aún estamos entendiendo cómo ejercerlo para beneficio colectivo y eficazmente, en contra de la manipulación y la corrupción. Colombia nos está pidiendo a gritos ese despertar responsable. Un despertar pacífico, inteligente y sensible. Un despertar sin violencia y sin acciones criminales encapuchadas. Un despertar como aquella votación histórica a favor del plebisicto anticorrupción, donde más de 11.600.000 colombianos le demostramos a la política tradicional que estamos agotados de la corrupción que representan. O un despertar democrático como el que sucedió en las últimas elecciones, donde el país derrotó en las urnas a los líderes populares de extrema derecha y de extrema izquierda, sin necesidad de salir a destruir la infraestructura o cometer actos de bandalismo contra la ciudadanía.

Salir a marchar, o no, es una decisión personal. Salir a expresar sin violencia la inconformidad por lo que vivimos es un derecho, hacerlo sin violencia una obligación. Marchar no es estar en contra de un gobierno o a favor de la oposición, creo que hace parte de este despertar responsable y de la libertad que nos ofrece la democracia.

Este próximo 21 de noviembre tenemos la oportunidad de marchar en contra de los asesinatos sistemáticas de líderes sociales, indígenas y menores de edad. Marchar para que la reintegración de excombatientes sea una prioridad. Marchar para que Colombia sea el protagonista de las políticas públicas, y no los países vecinos. Marchar con el deseo de que al gobierno reaccione y mejore, porque si les va bien, a todos nos va bien.