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INDUSTRIA La verdadera contribución de las empresas
jueves, 14 de septiembre de 2017

Para ayudar no solo bastan las donaciones

Mima Peña Fajardo

La manera tradicional como los colombianos esperamos que se solucionen nuestros serios problemas sociales como la falta de acceso a la educación, la desnutrición, la violencia hasta el reciente disparo de los embarazos de niñas y el posconflicto, es con la ayuda del Gobierno y en menor proporción con ayudas filantrópicas.

Como al parecer, nuestro gobierno - sea por la razón que sea- no cuenta con recursos suficientes, estamos al amparo en muchos temas, del trabajo que puedan lograr las organizaciones sin ánimo de lucro.

Sin pretender disminuir la ardua y necesaria labor de las fundaciones, es evidente que ninguna donación, voluntariado o cooperación internacional puede combatir la magnitud de estos problemas. De hecho, lo problemas no solo no disminuyen sino que tienden a aumentar.

La razón por la que la labor de las fundaciones y los esfuerzos del Gobierno no logran impactar suficientemente a la sociedad es porque los problemas crecen a una escala y a una velocidad más alta de la que lo pueden atacar los buenos deseos de la filantropía y los pocos recursos del Gobierno.

Por eso algunos estudiosos del tema han propuesto que más bien se re direccione la mirada hacia el lugar donde sí hay recursos, es decir al sector productivo, a los negocios. No para imponerles más impuestos ni para conseguir donaciones, sino para que dentro del desarrollo de dicha productividad se logre también generar un impacto positivo en la sociedad.

Este nuevo enfoque resalta el papel preponderante que tienen las empresas que estén dispuestas a combinar la importancia de su propia rentabilidad con un compromiso con la sociedad.

Muchas empresas colombianas están tomando este camino, no solo por ser solidarias con la sociedad sino porque al parecer, este modelo también las llevará a ser más competitivas y a subsistir en el largo plazo. Hay empresas que están desarrollando nuevos negocios en zonas difíciles, call centers en Tumaco, empresas comprometidas en capacitar y desarrollar a sus empleados, o que cambian sus políticas para ser más incluyentes como 4GS que modificó sus criterios de contratación para darle la oportunidad a mujeres a que trabajen en el sector de la seguridad privada, tradicionalmente reservada a los hombres. O Bimbo Colombia, que a raíz de una escasez mundial de ajonjolí, desarrolló un programa en Montes de María para enseñarle a la población a producir este insumo. O Sodexo que se arriesgó hace años a contratar personas desplazadas y reinsertadas.

Para que este modelo de empresa responsable pueda reformar la manera como tratamos de solucionar nuestros problemas, necesitamos dejar de creer que detrás de la generación de utilidades siempre hay un interés negativo o egoísta; bajo el nuevo modelo no tiene que ser así. Pero más indispensable aún, es que las empresas estén dispuestas a combinar su rentabilidad con una inversión en el bienestar de la sociedad.

Para esto necesitamos el liderazgo de empresarios pilos, que sientan empatía por los problemas de la gente, que no solo tengan buenas intenciones sino que sean capaces de adoptar métricas que midan y mejoren el impacto social de la gestión de la empresa, empresarios efectivos y honestos en el campo económico y verdaderamente comprometidos en construir un país más justo.
Tengo la corazonada de que vamos por buen camino.

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