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RESPONSABILIDAD SOCIAL “Deben cambiar el pensamiento altruista por el mecanismo de valor compartido”
miércoles, 1 de octubre de 2014
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Ángela Sampayo - asampayo@larepublica.com.co

Las empresas comúnmente ven el tema de derechos humanos como algo ajeno a ellos, pero la vinculación de este aspecto en las compañías es muy importante dado los inconvenientes que se presentan con ciertas comunidades a las que quieren llegar o en las que ya operan.

Una experta en la materia es Pilar Ibáñez, directora de la firma Cipid, Centro internacional de pensamiento e investigación en derecho, firma consultora que ayuda a las empresas a entender cómo sus operaciones tienen relación con los derechos de las comunidades y cómo pueden trabajar en la defensa de los mismos. Ibáñez detalla cuál es el trabajo que lidera y cómo es el proceso que se hace con las compañías, en el que se deben dejar las acciones altruistas a un lado para construir valor compartido.

¿Cuál es la labor de Cipid?
Asesoramos a empresas en temas de derechos humanos. Normalmente las compañías ven esto como algo de izquierda, pero desde hace algún tiempo se ha venido vinculando este aspecto por inconvenientes que han tenido en el pasado con temas puntuales de reputación de las empresas y muchos otros que están directamente vinculados con los derechos humanos.

Entonces hacemos una sensibilización para que la empresa vea su operación y cómo sí afecta a los derechos humanos. Trabajamos con empresas petroleras, algunas de manufactura, mineras y uno que otro que tenga que ver con temas administrativos. En casi todas ayudamos con capacitaciones, haciendo el diagnóstico, sistemas de riesgos y alertas o hacemos los talleres de derechos humanos y de generación de confianza con las comunidades. Se les ayuda a entender cómo deben cambiar el pensamiento altruista por el mecanismo de valor compartido.

¿Qué es el mecanismo de valor compartido?
En resumen es un gana y gana para las empresas y las comunidades. Con este mecanismo se logra que las empresas beneficien a la comunidad y a su vez que estas cuiden a la compañía respaldándola y creyendo en ella. No es un tema que tenga que ver netamente con dinero pero si con una convivencia pacífica, donde se generan mejores prácticas y diálogos.

¿Cuáles son las acciones que realizan con las empresas?
Al principio lo que hacemos es una sensibilización para que sepan qué son los derechos humanos, por qué tienen que ver con sus empresas y dónde está el riesgo de ellos. Por ejemplo si es una petrolera se comienza a analizar desde el business plan hasta el final que sale el producto, para identificar dónde están las afectaciones y se va mirando todo el procedimiento: la sísmica, la exploración, la explotación, la comercialización, en el transporte, la refinación, en todo.

¿Cuáles son los riesgos?
Los riesgos específicos tienen que ver con temas financieros, en la apreciación, en la reputación, en la inversión. Por eso les mostramos cuáles son los riesgos tanto afuera como adentro. A veces las empresas no tienen una política interna de derechos humanos o sencillamente no saben dónde están las vulneraciones, por lo que hacemos todo el diagnóstico interno de la empresa, miramos todos los procesos y procedimientos y hallamos dónde están las vulneraciones.

De ese diagnóstico normalmente sale un informe que tiene unas recomendaciones para la elaboración de la política interna de respeto y promoción de los derechos humanos, pero también está el vincularse a la red de Pacto Global, hacer sus informes teniendo en cuenta los estándares del G4 y otros temas específicos para vincularlos.

¿Cuál es el principal inconveniente en el tema?
Muchas veces las compañías le invierten mucho al tema de responsabilidad social y no tienen en cuenta dónde está la vulneración para ayudar a minimizarla y centrarse en los temas específicos de cada una de las empresas. Se deben enfocar en cómo hacer para que no esté quebrantada la red social y ahí es donde la misma empresa trabaja para que la comunidad los quiera, aprende a cómo hablar con ellos y hasta llegar a acuerdos para que la operación funcione bien pero que no vulnere los derechos.

¿Cómo se trata el tema de la consulta previa?
Yo les digo a las empresas que tienen que hacer un diagnóstico, que es como ir a tantear el terreno para saber qué hay y con esos conocimientos llegar a unos acuerdos con la comunidad.

A veces pasaba que las empresas llegaban y hablaban con cualquiera de la comunidad, y en medio de las operaciones iniciaban los estancamientos y las demandas llegaban a instancias altísimas porque no se hicieron, desde el inicio, unos acuerdos mínimos que fueran eficientes y coherentes.

No se puede hacer una nube de consulta donde las cosas no estén claras. Hoy en día hay unos parámetros específicos, establecidos en documentación, que parten de los principios de John Ruggie sobre derechos humanos y empresas.

¿Hay alguna recomendación para las empresas?
Se debe apuntar a crear redes de valor compartido, con ello se generan lazos de confianza entre comunidades o stakeholders y la empresa, oportunidades laborales, mejores prácticas empresariales, mejora la economía del país, es decir generar un gana - gana para todos. Donde hay confianza hay oportunidades.