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RESPONSABILIDAD SOCIAL ¿Cómo lograr un desarrollo sin acabar con el ambiente?
miércoles, 17 de agosto de 2016
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Carlos Ortega

De un lado, los ambientalistas defienden a capa y espada la necesidad de proteger a toda costa los ecosistemas existentes en la zona, y por otro lado, los técnicos defienden la necesidad de nuevas vías, nueva infraestructura en aras del desarrollo y eficiencia de la ciudad, en este caso. La discusión entera está viciada al no dejar entrever que ambos conceptos no son excluyentes uno del otro en realidad, sino que pueden convivir: desarrollo y medio ambiente.

Lo increíble del debate es que ambas partes están tomando posiciones absolutas, sin mirar cómo se puede conciliar una medida intermedia, donde el desarrollo se pueda dar, sin comprometer el medio ambiente en mayor medida. Llegar a un punto intermedio debería ser el objetivo, pero al parecer ninguna de las dos partes parece ver esta opción como válida, no solo en este caso de la reserva Van der Hammen, sino en otros focos necesitados de desarrollo como son el Chocó, los Llanos Orientales, la Amazonía, entre otros.

Imaginémonos donde esta discusión se hubiera dado cuando se fundó y desarrolló Bogotá. Bogotá está situada sobre innumerables lagos y cuerpos de agua. ¿Qué hubiese pasado si hubieran nuestros antecesores decidido no hacer nada, para no dañar el medio ambiente? Bogotá no existiría, probablemente. Igualmente, ¿qué hubiera pasado donde todos los canales, humedales, parques, reservas forestales y demás se hubieran completamente tumbado? Bogotá sería un Shanghái o Ciudad de México, con índices de polución en niveles extremos.

Es claro que la respuesta no es ni solamente A, ni solamente B, sino es realmente A y B, una convivencia sensata entre ambas perspectivas, medio ambiente Y desarrollo. Actualmente Bogotá es una ciudad verde, donde conviven las vías y los parques, los desarrollos inmobiliarios con los humedales y bosques. ¿Nos falta mucho? Claro que sí. Pero no podemos parar el desarrollo y la eficiencia productiva de la ciudad o del país, únicamente con la disculpa que cada pasto, cada hoja, y cada hilo de agua debe ser completamente restringida sin discusión alguna.

Países como Australia o Nueva Zelanda, entre muchos otros, han logrado conciliar unas de las más estrictas regulaciones ambientales, con un muy alto índice de desarrollo e infraestructura. Ejemplos como la Autopista M7 en Sídney, Australia, construida contigua a diversas reservas forestales y humedales, pero que actualmente moviliza más de 65 millones de carros al año. A raíz de este desarrollo vial terminado en 2005, el oeste de Sídney se convirtió en el tercer suburbio más productivo de toda Australia.

Sin necesidad de ir más lejos, la Concesión Vial Bogotá-Villavicencio, acá en Colombia, ha logrado respetar los ecosistemas hídricos y forestales aledaños al trazado, pero logrando completar un proyecto que algunos consideraban imposible. 

El debate interminable entre ambientalistas y técnicos, debe terminar. No nos podemos quedar en el subdesarrollo, escudándonos en el medio ambiente. Pero tampoco podemos arrasar con todo lo que hay a nuestro alrededor, escudándonos en que es por el bien del desarrollo. Se deben plantear límites ambientales, pero dejemos a los ingenieros hacer su parte, e idear formas de hacer convivir el desarrollo con el medio ambiente. ¿Seremos capaces?