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Reciprocidad positiva.
La última Encuesta de Cultura Política que hizo el Dane, en 2023, incluye un par de preguntas sobre nuestras preferencias en el espeso tema de los premios y los castigos. La entidad tomó la atinada decisión de medirnos el aceite en dos áreas: lo que sentimos acerca de premiar a gente que nos ayuda y lo que sentimos acerca de sancionar a gente que nos hace daño.

Para medirle el pulso al primer tema, les planteó a los encuestados un escenario hipotético, en el cual un extraño los habría ayudado a salir de un problema, potencialmente hasta peligroso, que a este le representaría un costo de $8.000. En ese escenario, le pregunta a la persona encuestada dos cosas: ¿usted le daría al extraño un obsequio en agradecimiento? Y, en caso dado, ¿de cuánto valor sería ese obsequio? El resultado está consignado en el Panel A del Cuadro 1 y es bastante sorprendente.
Resulta que 84,1% de las 46.000 personas encuestadas sí le darían un obsequio al extraño en agradecimiento. Sorprendentemente, le darían un obsequio que en promedio se ubica en $8.530, bastante más alto de lo que gastó el extraño al ayudarlos. De hecho, más de la quinta parte de los colombianos le darían al extraño de marras un regalo por el máximo valor contemplado, que es de $14.000.
De otro lado, y aquí viene lo de los castigos, o la reciprocidad negativa, en el Panel B se ve que 63,3% de los colombianos estarían poco o nada dispuestos a castigar a alguien que los hubiera tratado injustamente, y que 66,9% tendrían la misma actitud frente a sancionar a alguien que sea injusto con otra persona.
Los colombianos, en gran síntesis, somos gente propensa al agradecimiento y reacia a la sanción. En otras palabras, somos un país de gente compleja e interesante.

Esa brecha entre nuestra elevada propensión a agradecer y nuestra baja propensión a sancionar es inusual internacionalmente. El Gráfico 1 muestra esa brecha en el caso de 76 países en los cuales se aplicó, en 2012, el mismo par de preguntas que el Dane nos hizo en 2023. El Gráfico deja claro que los colombianos nos ubicamos en el top mundial de la brecha entre agradecer lo bueno y sancionar lo malo.
Dada esta realidad, resulta paradójico que más de 94,4% de los colombianos consideren que la corrupción se debe a la falta de sanciones. En el Cuadro 2 se observa que, entre quienes conforman ese 94% que atribuye la corrupción a la ausencia de castigos, más de la mitad habían contestado antes que no estarían para nada dispuestos a sancionar a quien agraviara a otras personas, cosa similar a lo que hace un corrupto.

Los colombianos somos gente compleja e interesante, como lo muestran las cifras que discuto. Eso no solamente le da material de trabajo a nuestros grandes artistas y novelistas, sino que también debería forzar reflexiones acerca de quién es y cómo piensa el votante mediano.
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Tampoco puede borrarse la secuencia de decisiones judiciales contra la cúpula del M-19. El 31 de enero de 1989, el Juzgado 30 de Instrucción Criminal Ambulante profirió resolución acusatoria contra sus integrantes, incluido Gustavo Petro, por homicidio, tentativa de homicidio, secuestro, falsedad y rebelión