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Analistas 25/09/2026

¿Perdimos el ADN industrial?

Juan Carlos Zuleta Acevedo
Consultor en Emprendimiento e Innovación
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Hace algunos años escribí en estas páginas que, si Colombia quiere fortalecer su industria, debe aumentar el valor nacional incorporado en los productos que fabrica. Hablé entonces del Porcentaje de Integración Nacional, PIN, que en términos sencillos mide cuánto del valor de un producto fabricado en Colombia corresponde a componentes, materias primas y procesos desarrollados en el país. Aumentarlo genera oportunidades para producir localmente, desarrollar conocimiento, atraer inversión y construir capacidades. Para hacerlo necesitamos proveedores capaces de responder.

Ahí está uno de los grandes desafíos de la reindustrialización. Podemos fabricar localmente más de lo que hoy importamos, pero solo si existen empresas dispuestas a especializarse, invertir y alcanzar los estándares de la industria. Aparece entonces un viejo dilema: una gran empresa difícilmente entrega mayores volúmenes a un proveedor que aún no tiene capacidad, mientras este difícilmente invierte sin alguna certeza sobre los volúmenes futuros. Uno espera que el otro dé el primer paso y, mientras tanto, importar sigue siendo más sencillo.

Romper ese círculo debería ser un objetivo de la reindustrialización. El PIN puede ser una herramienta poderosa si dejamos de verlo como un porcentaje y lo entendemos como una señal de largo plazo. Aumentar gradualmente la integración nacional permitiría identificar qué puede desarrollarse localmente y dar a los proveedores un horizonte que justifique inversiones. No se trata de reemplazar todo lo importado, sino de desarrollar ventajas y capacidades competitivas.

El esfuerzo debe ser de doble vía. Las grandes empresas pueden desarrollar proveedores, construir relaciones de largo plazo y compartir conocimiento. Y quienes somos proveedores debemos asumir nuestra responsabilidad: no podemos esperar oportunidades simplemente por ser nacionales. Tenemos que ganárnoslas con calidad, productividad, innovación y servicio. El dólar barato plantea una prueba exigente: cuando importar se vuelve más atractivo, debemos encontrar en esas capacidades las razones para seguir siendo competitivos. No podemos construir una industria que dependa de una tasa de cambio favorable para sobrevivir.

Reindustrializar tampoco significa cerrar nuestra economía. Una industria competitiva necesita tecnología, materias primas, equipos y conocimiento del mundo. El reto es cuánto más valor podemos agregar localmente. Colombia ya tiene industria, empresarios, proveedores y experiencia; necesitamos conectarlos para impulsar cadenas más sofisticadas de proveedores nacionales.

Tal vez hemos discutido demasiado sobre cómo reindustrializar a Colombia cuando la respuesta está frente a nosotros: producir aquí más de lo que sabemos producir, desarrollar más de lo que todavía importamos y atrevernos a invertir para competir. Las grandes empresas tendrán que abrir espacio y los proveedores demostrar que podemos ocuparlo. La reindustrialización no ocurrirá por decreto, discurso o patriotismo. O construimos entre todos una industria capaz de competir, o seguiremos hablando de reindustrializar un país que nunca se decidió a hacerlo.

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