Se acerca la primera vuelta presidencial. No se trata de una elección cualquiera: nos estamos jugando nuestro futuro como nación
Colombia que más se parece a la de finales de los años noventa que a la que nos prometieron íbamos a tener en pleno 2026. La política, en mala hora, dejó de ser un oficio propio de estadistas y las consecuencias se notan