Romper los filtros invisibles del mercado no es un asunto de buena voluntad, sino de diseñar una infraestructura técnica que impida al prejuicio humano truncar el destino profesional de los colombianos
Porque, al final, el verdadero salto no es pasar de primera a segunda o tercera generación. Es convertirse en una institución capaz de renovarse sin perder aquello que hizo que las personas confiaran en ella desde el comienzo