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Una tributaria inédita en el nuevo Congreso
Nunca había sucedido que un presidente saliente le dejara una propuesta tributaria a su homólogo entrante, en un Congreso que nadie sabe qué rumbo tomará frente al Gobierno
El mayor problema económico que enfrentará Abelardo de la Espriella, sin lugar a dudas, es el déficit fiscal. Esto quiere decir que la administración central gasta más dinero del que le ingresa; dicho de otra manera, de los $600 billones previstos para el presupuesto de 2027, solo unos $300 billones se financian con impuestos.

El resto corresponde a ingresos derivados de las empresas industriales y comerciales del Estado, de algunos rendimientos de bienes de la Nación y, en buena parte, del endeudamiento. Los últimos cuatro años fueron muy malos para el manejo de las finanzas públicas. Los ministros de Hacienda del gobierno de Gustavo Petro solo lograron sacar adelante una gran reforma tributaria al amanecer de su administración, cuando la línea económica la empezaba a dictar José Antonio Ocampo, quien logró radicar en el Congreso una cascada de impuestos por $25 billones el mismo 7 de agosto.
Todo el trabajo que hizo el prestigioso economista colombiano se hizo trizas durante las gestiones de Diego Guevara, Ricardo Bonilla y Germán Ávila, tres ministros que no lograron trabajar con el Congreso ni con los gremios de la producción y que solo dejaron el legado de un gran gasto sin financiación a la vista. Una de las pocas cosas llamativas que dejó Petro en cuanto al manejo de la hacienda pública es que solo hubo una reforma tributaria y no logró que el Congreso le aprobara sus camufladas leyes de financiamiento, las cuales no eran otra cosa que reformas tributarias.
Ávila, el último de sus ministros, dejó una incipiente reforma radicada en el nuevo Congreso de la República, la cual insiste en gravámenes que solo sobreviven en un par de países en el mundo: se trata del impuesto al patrimonio, con el que el gobierno saliente quiere dejar amarrado al gobierno de De la Espriella. Este último prometió en campaña que no habría aumento de impuestos durante su cuatrienio y que se la jugaría por el adelgazamiento del Estado, el ahorro y la alta competitividad de las empresas estatales.
El nuevo presidente -al igual que el vicepresidente Restrepo- argumentó que se iban a fusionar ministerios y entidades públicas para ahorrar grandes recursos en administración. Lo primero que tienen que hacer ahora es sepultar la iniciativa tributaria que les deja Petro y acelerar la supuesta fusión de ministerios. Esta acción será difícil, pues el presidente De la Espriella ya casi termina todos los nombramientos en las carteras y no ha presentado ninguna fusión de carteras. Lo lógico habría sido que, el próximo 7 de agosto, los 19 ministerios quedaran reducidos a una docena para hacer mucho más eficiente la administración de lo público.
Cultura y Deporte tendrían que haber sido fusionados en uno solo de economías creativas. Sin embargo, esa decisión no se tomó, lo que les dio vida a dos entidades de muy baja ejecución y con roles y funciones que se superponen. El gobierno entrante debe salirle al paso a la reforma tributaria dejada por Petro, al tiempo que debe demostrarles a los colombianos que ha identificado ministerios, agencias y otras entidades creadas por anteriores gobiernos cuya única naturaleza es la burocracia, sin ninguna gestión pública.
El varapalo que se dio en la presidencia del Congreso no puede significar un comienzo con el pie izquierdo, sino una oportunidad para que la eficiencia sea la marca de una administración que está sin dinero.
Colombia es un país de tres poderes: ejecutivo, legislativo y judicial, fuerzas que deben trabajar en pro del desarrollo, conscientes de que no pueden ser el palo en la rueda del otro