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EDITORIAL Un Día de la Madre en medio de la cuarentena
sábado, 9 de mayo de 2020

Es natural que los comerciantes hayan “mercantilizado” el Día de la Madre, pues es entendible la explotación de ese sentimiento universal, pero esta vez será muy diferente

Editorial

Mercantilizar es hacer que predomine el espíritu mercantil o el interés monetario en cosas que deberían ser desinteresadas, eso dicen los diccionarios. Y nada más apropiado y aplicable que esa palabra para el Día de la Madre que se celebra en Colombia mañana domingo, pero que se ha ido difuminando en medio del consumismo creciente, que dicho sea de paso, es el motor de las economías de mercado y un factor decisivo y necesario para llevar a las sociedades a un mundo con menos carencias y precariedades.

Dedicarle un día o un mes a las madres es una costumbre que data de muchos siglos atrás y que está presente en todos los pueblos y civilizaciones antiguas: Artemisa, Flora o Pachamama, fueron figuras maternales presentes en la formación de la actual cultura occidental americana. Y si a esas tradiciones ancestrales se le suma la influencia del cristianismo con la Virgen María, tienen como resultado que se celebre el Día de la Madre en mayo, un mes de plena primavera en los países con estaciones, pero que con los años se convirtió en una jornada única de compra de regalos, almuerzos en familia, restaurantes atestados y centros comerciales a reventar; pero este año las cosas no serán de esa manera.

La cuarentena que ha confinado al mundo en sus casas permitirá que la festividad de las madres sea más sentimental que comercial -así ambas cosas no sean excluyentes- y que le permitan a las madres recibir reconocimiento social. En Colombia este día festivo tiene una arraigada herencia católica que nace en el siglo XVII y que consistía en los 30 ejercicios espirituales diarios en honor a la Madre de Dios. Todavía es común ver en las parroquias de todos los municipios y barrios del país, el rezo diario del rosario y altares con una estatua o imagen de María.

Sin duda alguna, las madres son la partícula primaria y fundamental de las sociedades. Son las formadoras en valores y disciplina de los hijos, al tiempo que les imprimen el carácter y la responsabilidad, en una suerte de tradición generacional que marca las diferencias de una sociedad a otra. Ser madre en Colombia siempre será un reto enorme no reconocido y lleno de injusticias derivadas de políticas económicas no dirigidas para ellas; formar un hogar, cuidarlo y sacar adelante unos hijos es una actividad trascendental carente de ayudas y privilegios que sí existen en otros países.

Las abuelas de ayer eran de dedicación exclusiva a sus hogares sin ningún reconocimiento más allá del Día de la Madre; las madres de hoy, no solo son el núcleo de la familia, sino que deben trabajar arduamente y competir de tú a tú en una sociedad altamente machista que aún no reconoce el papel de “producir y formar” buenos individuos para la Colombia del futuro. Lógico que los padres también cumplen un papel vital, pero nadie discute que en la edad temprana son las mamás quienes siempre están presentes en ese proceso de crecimiento y formación que garantiza la maduración de los más jóvenes.

Hacen falta muchas políticas públicas dirigidas a las madres que les reconozcan su papel en la sociedad, no es feminismo, es conciencia social y valoración de ese ser humano excepcional que es el pilar no solo de los nuevos individuos, sino de las familias. Es un día para reconocerles a las madres su valor como epicentro de más de 14 millones de hogares que hay en Colombia.

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