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EDITORIAL Tambores de guerra y economía débil
lunes, 14 de agosto de 2017
La República Más

Una intervención militar de estados unidos en el vecindario no tardaría en mostrar consecuencias económicas y políticas en Colombia

Editorial

El viernes pasado parecía un día sacado de los muchos tantos de la Guerra Fría. Muy a primera hora, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, advirtió que su país está “listo para el combate” con Corea del Norte si persiste en sus amenazas de atacar al mundo occidental. Más tarde sorprendió que evaluaba “una posible opción militar en Venezuela, azotada por una aguda crisis política y económica (...) Tenemos muchas opciones para Venezuela, incluyendo la opción militar, si es necesario (...) Tenemos tropas en todo el mundo en lugares muy lejanos, Venezuela no está muy lejos y la gente está sufriendo, se está muriendo”. Dos alocuciones que hacen temer que una operación militar a gran escala no es descartable en los meses venideros y que ambas -una en un país hermano con quien compartimos 2.200 kilómetros de frontera y otra muy lejana en Asia- tendrán graves consecuencias, no solo económicas sino políticas a nivel global. El mundo se había acostumbrado a la resolución de conflictos basándose en intervenciones aprobadas por el Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas y con el respaldo de bloques casi unitarios de la Unión Europea e incluso Rusia y China.

Trump dijo que las opciones militares de su país están listas para Corea del Norte, pero que confía que su líder, Kim Jong-un, ceda en las amenazas para que no sea necesario utilizar la fuerza. Frente a Venezuela, el presidente estadounidense recordó que es un país vecino a Estados Unidos y que “ciertamente” Washington podría optar por una operación militar para resolver la situación. Ahora bien, si miramos las cosas desde la óptica de los analistas económicos no podemos pasar desapercibida la opinión que hace tres semanas hicieron, Christian Mueller-Glissmann y Alessio Rizzi, técnicos de Goldman Sachs, quienes dijeron que un gran shock como una recesión o una guerra es lo que normalmente logra despertar los mercados de las recesiones. Textualmente plantearon que “se va a necesitar más que el endurecimiento de la política de los bancos centrales para revivir la volatilidad de su estancamiento de un año. Un gran shock como una recesión o una guerra es lo que normalmente lo logra (...) Ese ha sido generalmente el caso en los catorce “regímenes” de baja volatilidad similares desde 1928, al menos en los mercados bursátiles. Estos períodos en promedio duraron cerca de dos años, exhibieron breves alzas y ocurrieron cuando la volatilidad en el S&P 500 bajó diez puntos (...) Las alzas en la volatilidad han sido difíciles de predecir ya que con frecuencia se producen después de eventos geopolíticos impredecibles, como guerras y atentados, o shocks económicos o financieros adversos y los denominados desconocidos (...). Las recesiones y ciclos de enfriamiento de negocios históricamente han llevado a un régimen de alto volumen a través de todos los activos”. Al tiempo que los técnicos de Goldman Sachs estiman las probabilidades de una recesión en los próximos dos años en 25%.

Casi todos los presidentes de Estados Unidos se han visto abocados a intervenir militarmente durante su mandato y quizá Trump no será la excepción, pero ojalá nunca ocurra esa opción en Venezuela, pues una acción militar claramente dividiría a la región, nos afectaría como país vecino, generaría desolación y destrucción en el vecindario y las consecuencias no tardarían en verse en Colombia. Puede haber amigos en Colombia para que una idea de ese tamaño se materialice, pero no se han medido las consecuencias y en toda guerra hay perdedores y nosotros podríamos ser uno de ellos.

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