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EDITORIAL

Sin instituciones fuertes no hay reglas de juego

viernes, 11 de septiembre de 2020

El país despierta de la cuarentena en medio de peligrosos brotes de violencia que arrinconan la débil institucionalidad, una falla que evita el progreso en el desarrollo socioeconómico

Editorial

El institucionalismo se ha abierto un importante espacio en las teorías políticas y económicas y es uno de los filtros usados para analizar el papel de las ciencias económicas y el desarrollo económico. También se usa para incentivar el mercado, crear políticas macroeconómicas y entender los problemas en la conexión de las economías y sus reglas de juego de la sociedad.

Velar por las instituciones se ha convertido en un cliché mediático para proponer soluciones de los problemas que se desprenden del subdesarrollo, máxime cuando la anarquía hace su aparición en escena. No se puede entender la economía pospandémica sin analizar las instituciones como herramientas para enfrentar los retos de la globalización de la crisis social sanitaria y económica que se desprendió del covid-19. Lo primordial es entender las instituciones como las reglas del juego con las que las personas y las organizaciones actúan como jugadores transparentes; la más importante un sistema de justicia que vigile el cumplimiento de las normas en una sociedad que ha decidido actuar en conjunto para prosperar.

Las instituciones no son las personas que trabajan en ellas, ni sus acciones individuales deben destruir la poca institucionalidad que se ha construido a través del tiempo; es determinante que un sistema de justicia vigile la observancia de la ley y contribuya -a su vez- a cambiarlo cuando no funciona. Douglas North escribió hace unas décadas un ensayo titulado, “Estructurando Instituciones para el Desarrollo Económico”, en el que plantea que “las organizaciones son los jugadores -refiriéndose al fútbol como deporte que se encuentra enmarcado en normas formales e informales- y están formadas por grupos de individuos unidos entre sí por un objetivo común. En el caso de las organizaciones económicas, como las empresas, el objetivo común puede ser la maximización de ganancias, si se trata de unas organizaciones políticas, como partidos políticos o personas de ese tipo, el objetivo común puede ser mantener el poder o tener buenos resultados políticos; si son organizaciones educativas, como universidades y escuelas, tendrán el objetivo común de transmitir información y conocimiento y contribuir al saber universal”. El origen básico de las instituciones y su papel en la sociedad se va desdibujando cuando actores populistas que apoderan de ellas.

La debilidad institucional derivada de las fallas personales y llevan al Estado a su ruina porque hay actores que agazapados en esa debilidad o falta de liderazgo se apoderan de ellas para cambiarlas o usarlas como armas para eternizarse en el poder. Así sucedió en Venezuela en donde primero se debilitaron las instituciones, fueron capturadas y luego cambiaron las reglas de juego para mantener en el poder un modelo económico totalmente fracasado, pero activo en conservar la pobreza como discurso hegemónico en el que el mantra es “que la pobreza y la anarquía nunca mueran para siempre gobernar”.

Colombia debe aprovechar estos momentos para identificar las fuerzas desestabilizadoras contra la institucionalidad y generar sensibilización y conciencia de que hay una hoja de ruta en marcha para debilitar lo construido. Hay enormes retos pospandémicos y uno de ellos es trazar un plan a largo plazo sobre seguridad, bienestar y desarrollo.

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