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Reducir el Estado no puede ser mentira
El Presupuesto General de la Nación no puede gastarse en mantener tanta burocracia, ni patrocinar entidades ineficientes que drenan los impuestos
La hipótesis central, orientada a transformar al Gobierno en un órgano altamente eficiente, parte de la idea de que Colombia tiene un exceso de empleados públicos y más de una docena de entidades que duplican funciones. La administración saliente no solo profundizó el centralismo imperante, sino que incrementó el número de empleados pagados con el presupuesto nacional en casi 25%. Esta cifra explica, en gran medida, el estancamiento del empleo formal; mientras tanto, la tasa de desempleo ronda 8%, lo que equivale a unos 2 millones de colombianos sin trabajo.

El gobierno saliente sumó empleados a la nómina oficial y multiplicó contratistas, paradójicamente sin demostrar una ejecución presupuestal eficiente ni avances significativos en productividad, competitividad o eficiencia, tanto en el sector público como en la economía en general. La campaña de Abelardo De La Espriella basó gran parte de sus propuestas en la búsqueda de un “Estado mínimo”, en el que las instituciones fueran pocas, pero eficientes, evitando que los ministerios se convirtieran en chequeras de contratación sin un control riguroso del erario.
Actualmente, Colombia opera con 19 ministerios y un par de docenas de agencias, superintendencias y dependencias oficiales que vinculan a más de 3 millones de personas. La inmensa mayoría de ellas cuenta con cargos fijos, pertenece a la carrera administrativa, goza de regímenes laborales atractivos y permanece de un gobierno a otro sin mostrar resultados significativos. Una parte considerable de este grupo se sindicalizó durante la presente administración, razón por la cual los ministros de De La Espriella enfrentan un enorme desafío para generar las eficiencias necesarias.
Por otro lado, los políticos tradicionales nombrados para la próxima administración se muestran reacios a reducir el tamaño del Estado, una postura que probablemente se fortalecerá con el paso de los días. Por ahora, no se ha concretado la fusión de los ministerios del Deporte y de las Culturas. Tampoco parece avanzar la optimización de las embajadas para evitar la duplicidad de funciones entre los agregados comerciales tradicionales y los representantes nombrados por ProColombia.
Hacer del Estado colombiano una administración moderna, competitiva y eficiente es un imperativo más económico que político. En el pasado, para ahorrar costos y optimizar recursos, Colombia compartía embajadas en el sudeste asiático con Chile y Perú bajo el marco de la Alianza del Pacífico. Hoy existen numerosas misiones diplomáticas innecesarias que nunca han atendido adecuadamente a los connacionales en el exterior ni han gestionado la inserción de productos o servicios nacionales en sus países de destino.
Si la administración de De La Espriella desea cumplir su promesa de reducir el tamaño del Estado y potenciar el aporte de las regiones al PIB, debe descentralizar múltiples funciones que hoy permanecen concentradas en el aparato estatal bogotano. Como señala Nicholas Wapshott en Keynes versus Hayek: el choque que definió la economía moderna, hay tensión fundamental entre la intervención estatal para ayudar a los desempleados -postura de Keynes- y la creencia de que los gobiernos no deben interferir en las fuerzas económicas naturales -postura de Hayek-, un debate que refleja el dilema actual sobre el tamaño del Estado.
A la luz de la crisis de crecimiento y de la urgencia de reducir la pobreza, resulta pertinente debatir cómo aligerar el peso del Estado, recortar el gasto y permitir que las fuerzas del mercado contribuyan a restablecer la normalidad económica.
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