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La oportunidad de reconstruir a Venezuela
La intervención de Estados Unidos en el régimen venezolano y el devastador terremoto, son realidades históricas que ayudarán a reconstruir la economía del vecino país
Los últimos seis meses no han sido fáciles para Venezuela. La captura de Nicolás Maduro a finales del año pasado y el terremoto que se ha cobrado miles de vidas son dos hechos luctuosos para el vecino país, pero también representan un punto de partida sobre el cual reconstruir su economía. Desde el año pasado, los pronósticos de crecimiento para la economía venezolana muestran que este puede superar el 7%, una cifra que la pondría a la cabeza en el ranquin de repuntes del PIB en la región.

El factor que más influirá en este crecimiento es la flexibilización de las sanciones financieras por parte de Estados Unidos, el nuevo socio político y comercial que no solo intervino militarmente, sino que se ha comprometido a ayudar a los venezolanos a retornar al mercado internacional con sus tradicionales productos de exportación, como el petróleo, el gas y el cacao, los cuales habían estado castigados por las sanciones al régimen chavista, hoy en decadencia.
El segundo factor sobre el cual puede apalancarse el crecimiento para 2026 y 2027 es la reconstrucción de las relaciones comerciales con mercados naturales como Colombia, México y más de una docena de pequeñas naciones del Caribe que siempre mantuvieron un comercio libre con los productos venezolanos. En este contexto, el turismo es, sin lugar a dudas, uno de los pilares con los que cuenta el vecino país para dinamizar su economía. Por supuesto, el terremoto que ha dejado cerca de 3.000 muertos, cientos de miles de damnificados y miles de desaparecidos es una tragedia a la que la nación debe sobreponerse.
Los funcionarios del gobierno estadounidense encargados de atender las consecuencias del desastre tendrán que aplacar los resabios de autoritarismo y control que aún sobreviven del chavismo, cuyos miembros han intentado mantener un férreo control en la entrega de ayudas. Es la autoridad externa, ahora aliada del gobierno interino de Venezuela, la que puede garantizar que la asistencia internacional sea bien manejada y no se convierta en un botín para saquear, tal como ocurrió durante décadas con los ricos recursos naturales venezolanos.
Reconstruir La Guaira es un imperativo que demandará mucha ayuda internacional, pero también el compromiso de un país para el cual hoy soplan vientos de cambio. Un crecimiento sostenido de la economía venezolana en torno al 7% u 8% podría ser una constante para la próxima década. Esta situación es bastante halagüeña para Colombia, que representa mucho más que una frontera conflictiva de más de 2.200 kilómetros; realmente, son dos naciones que comparten una misma historia y flujos de migración bilaterales.
Contrario a lo que muchos piensan, ambos son mercados naturales, con una complementariedad similar a la que existe entre las propias regiones colombianas. Las grandes potencias mundiales anhelan el gas y el petróleo venezolano; Colombia los tiene muy cerca y, además, interconectados. Dinamizarlos, modernizarlos y volverlos más competitivos es una tarea clave para el gobierno colombiano y otro imperativo para los líderes de la transición venezolana. En Colombia viven millones de venezolanos, personas trabajadoras que han creado un auténtico puente comercial entre ambos países, una realidad que no se puede desconocer y sobre la cual es posible construir un bloque económico difícil de replicar.
El derrocamiento de Maduro y el terremoto son realidades complejas para los venezolanos, pero constituyen la base sobre la cual se debe edificar un futuro más prometedor.
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