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EDITORIAL ¿Qué ven que nosotros no lo observamos?
jueves, 8 de abril de 2021

Los pronósticos de crecimiento del FMI para Colombia apuntan a 5,1% para este 2021, en la misma línea de otras bancas y el mismo Gobierno, pero la reactivación aún no observa

Editorial

Antes de que todo empiece a girar en torno a la reforma tributaria que se presentará en el Congreso en las próximas semanas y que consumirá la agenda del Gobierno y ocupará a los medios de comunicación, hay que precisar que se necesita mayor “solidaridad tributaria” en este momento para ayudar a las personas más golpeadas por la pandemia, al tiempo que se necesita un articulado tributario de corte progresivo que tenga en cuenta la capacidad económica de las personas o de las empresas, sin perder de vista que cuanto mayor sea la capacidad económica, el valor a tributar se incrementa y que se tenga en tenga en cuenta que los impuestos indirectos son regresivos, es decir, esas nuevas tasas impositivas que no tienen en cuenta la situación de las personas o las empresas y que se imponen a todos por igual, por ejemplo el alza del IVA a productos de básicos; menos mal que al Presidente le tocó salir a descalificar esta iniciativa que había generado fuerte crispación; lo mismo que el impuesto al patrimonio de 3% e indefinido, ambas puntos aconsejados por la Comisión de Expertos. Y una última precisión sobre impuestos: todo lo nuevo que se diseñe, proponga el Gobierno y el Congreso apruebe será para los años venideros no para este 2021.

Nunca se hubiera imaginado que en medio del tercer pico de la pandemia y en los albores de una contienda electoral, el país económico y político iba a estar discutiendo otra reforma tributaria, pero la coyuntura es esa, se necesitan muchos recursos porque tal como lo ha dicho el ministro de Hacienda, Alberto Carrasquilla, “tenemos caja que nos alcanza para unas seis o siete semanas, por lo que tenemos que estar constantemente en el mercado buscando recursos”. La situación apremia y es necesario tener una hoja de ruta que garantice recursos y le envíe un mensaje de buena conducción económica a las firmas calificadoras de riesgo que han revisado a la baja la nota en las últimas observaciones.

En medio de toda esta oscura situación tributaria, el FMI y las otras bancas multilaterales siguen pronosticando un fuerte repunte del crecimiento del PIB para el año en curso, que dicho sea de paso, ya se perdió el primer trimestre con cifras en rojo. Quizá sea una fortaleza de los precios y la demanda de las materias primas para los próximos meses -en especial del petróleo y los metales básicos- que seguirá beneficiando a Colombia, porque el consumo, la construcción y la misma cartera bancaria aún no dan señales de reactivación; algo más deben estar observando los analistas internacionales en nuestra economía que internamente no se ve en medio de este rebrote de infecciones y un plan de vacunación que no ha logrado la velocidad de crucero prometida para mediados de abril. Las cosas son como sin y hay que enfrentarlas con las mejores estrategias; el país necesita recursos para pagar e invertir, pero al mismo tiempo las empresas demandan seguridad tributaria para poder pintar una hoja de ruta en el mediano plazo y hacer planes de expansión y generación de empleo. A pesar de todo, Colombia es un gran mercado, con grandes oportunidades regionales que pueden convertirse en polos de crecimiento, el problema es no acosar al sector productivo con iniciativas asfixiantes que desincentiven sus decisiones de apostarle al país.

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