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EDITORIAL

¿Por qué no cede la inflación en Colombia?

sábado, 4 de noviembre de 2023

Perspectivas de inflación para el cierre de 2023

Foto: Gráfico LR

Preocupante que el Emisor aumente la proyección de la inflación, que sí ha presentado una senda bajista, pero más lenta de lo esperado si se compara con la región

Editorial

No puede pasar desapercibido que el Banco de la República haya subido su expectativa inflacionaria para el cierre del año.

La noticia es que el equipo técnico del Emisor revisó al alza su pronóstico de variación de precios para este año a 9,8% desde una estimación previa de 9%, pese a recientes datos de desaceleración de los precios.

La razón de aumentar la proyección se debe, principalmente, a que la inflación sí ha presentado una senda bajista, pero que ha sido más lenta de lo esperado.

En pocas palabras, el medicamento de subir las tasas de interés, o de mantenerlas en un elevadísimo 13,25%, no ha servido para nada de alto impacto en los precios, pero sí ha deprimido la economía al mantener el dinero caro.

Lo que dicen los técnicos es que esperarán los resultados de la inflación de los últimos dos meses del año para replantearse nuevamente un movimiento en la tasa de interés en la Junta de diciembre. El equipo técnico, en el informe, no solo ajustó su proyección de IPC, sino también del PIB. El Emisor prevé un crecimiento para el cierre del año de 1,2%, desde una previa de 0,9%.

La expectativa de crecimiento de la cuarta economía de América Latina aún se ubica muy por debajo de 7,3% que registró durante 2022. Si se mira el último mes contabilizado (septiembre), la inflación colombiana es una de las más altas de la región, Colombia (0,5%), México (0,4%), Brasil (0,2%), Paraguay (0,2%), Ecuador (0,04%) y Perú (0,02%); debe darse por descontado que Venezuela y Argentina son casos perdidos en manejo de precios, pues la contabilidad mensual de la variación de precios no tiene sentido si se tienen en cuenta sus inflaciones anuales de tres dígitos.

Una de las explicaciones populares de que la Junta Directiva del Banco de la República siga sin cumplir el mandato constitucional de mantenerle a los colombianos el poder adquisitivo de su moneda es que los alimentos siguen presionando los precios al alza, a lo que se ha sumado el ajuste de los combustibles, la devaluación del peso, y lo que no es un mal menor, los servicios públicos, en especial la energía que ha experimentado grandes alzas.

El gran problema para el Gobierno Nacional es que la carestía en el precio de servicios y productos se instale culturalmente y haga parte del paisaje económico, tal como sucede en Venezuela u ocurre en Argentina, que a nadie le importa ya la contabilidad de precios que hace la administración central porque la tendencia siempre será la misma.

Las autoridades económicas no pueden dejar pasar que la inflación no era transitoria como alguna vez lo calificaron y que ya se completan muchos meses de precios altos sin que el banco puede quebrarle el espinazo a los precios caros.

El Gobierno Central tiene mucha responsabilidad de lo que está pasando porque no ha hecho nada en materia de siembras, cosechas, importaciones, aranceles y muchas otras acciones de cara a la variación de precios.

Es curioso que del problema de precios que golpea a las familias no hablen los ministros de Energía, Agro o Comercio, ni que el Ministerio de Hacienda, rector del manejo económico, se comprometa con soluciones estructurales. Lo único que no puede pasarle a Colombia, dada la actual situación política, es que el IPC anual no baje de dos dígitos y que el país convierta los precios altos en una forma de vida, una batalla que ya se había ganado.

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