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Oportunidad que brinda la reconstrucción
EDITORIAL

Oportunidad que brinda la reconstrucción

sábado, 15 de agosto de 2026

Oportunidad que brinda la reconstrucción

Foto: Gráfico LR

Miles de colombianos perdieron a sus seres queridos y buena parte de sus propiedades, una pésima tragedia, pero sea esta la oportunidad para que el país pueda reconstruirse

Editorial

El 11 de marzo de 2011, un terremoto de magnitud 9.0 en la escala de Richter generó un tsunami que destruyó grandes áreas pobladas en Japón. Esta tragedia empeoró cuando el impacto alcanzó la planta nuclear de Fukushima. El desastre dejó más de 16.000 personas fallecidas y miles de desaparecidos. La economía japonesa sufrió una fuerte desaceleración y decreció a mediano plazo; sin embargo, la crisis se transformó en un propósito nacional para reconstruir el país y cimentar un crecimiento más sólido.

Oportunidad que brinda la reconstrucción
Gráfico LR

Está demostrado que, tras una gran adversidad, suele surgir un proceso de renovación que capitaliza las malas experiencias. Después de los terremotos y otras catástrofes naturales, las acciones solidarias se convierten en el motor de la recuperación. A nivel local, los terremotos de Popayán y Armenia demuestran que, tras la tormenta, llega la calma y que es posible resurgir a partir de la tragedia.

En el pasado congreso de la Andi, la solidaridad empresarial se consolidó como el mejor ejemplo de apoyo para la reconstrucción nacional. Más allá del importante monto económico ofrecido por el sector productivo, destaca el aporte en especie de muchas empresas para los damnificados. Artículos esenciales como agua, alimentos, materiales de construcción, herramientas y transporte gratuito marcaron la diferencia para la supervivencia de la población.

Estas donaciones demuestran que la sociedad colombiana no solo es solidaria, sino que está comprometida con resolver las crisis de sus conciudadanos. El terremoto de Japón impulsó un plan de reconstrucción nacional estricto. A partir de ese momento, todas las edificaciones en el país asiático deben contar con sistemas sismorresistentes que garanticen la seguridad de las nuevas generaciones.

Asimismo, se implementaron medidas sencillas pero eficaces, como el uso de materiales resistentes, la construcción en áreas seguras y la regulación técnica de los morrales escolares para convertirlos en accesorios de supervivencia que protejan a los niños. Ahora que la reciente tragedia colombiana está fresca, las exigencias no deben limitarse a una reconstrucción que impulse el crecimiento económico o a una regulación municipal estricta en licencias de construcción. Es indispensable diseñar normas y protocolos enfocados en la protección de los más jóvenes.

Las autoridades colombianas no pueden esperar a que ocurra una nueva catástrofe para asumir su rol con seriedad. Depende del gobierno, las instituciones educativas, los gremios de la producción y los actores sociales que las futuras emergencias no sean tan letales como la del pasado agosto. Los planes de evacuación, la preparación escolar ante desastres, la capacidad de respuesta institucional y el correcto funcionamiento de las unidades de gestión del riesgo deben estar siempre listos para mitigar las consecuencias de sucesos luctuosos que, inevitablemente, volverán a ocurrir.

Está claro que cuando sucede una tragedia natural, se genera una cadena de aprendizajes que le permitan a las nuevas generaciones aprender de las experiencias pasadas, en una suerte de adagio popular que reza, quien no conoce su historia está condenado a repetirla; en un país como Colombia, ubicado en una región sísmica, las víctimas de los terremotos deberían reducirse a cero, pues son muchos los sucesos ocurridos de los cuales poco nada se ha aprendido, por el simple hecho de que los gobernantes de turno no tuvieron la responsabilidad de hacer los correctivos para evitar las pérdidas humanas. Es una gran oportunidad de reconstruir el país.

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